“Si tuviéramos un termómetro para medir la vida social y cuánto influye nos llevaríamos una sorpresa. Sobre todo, cuando hablamos de personas mayores en situación de dependencia, donde todavía cobra un peso mayor”, explica Teresa Turró, jefa del equipo médico de Novaedat, una entidad impulsada por el grupo Cleop y que trabaja desde hace años en una forma distinta de entender el cuidado. Cultivar la vida social es uno de los pilares de este modelo, que no se limita a atender necesidades, sino que trabaja para sostener la vida cotidiana a través de una red de relaciones entre residentes, profesionales, familias y comunidad.
Durante mucho tiempo la vejez se ha asociado a la pérdida. Pérdida de autonomía, de vínculos, de presencia en el mundo. Y hay también otra cara de esta realidad, menos visible y cada vez más extendida, la de la soledad. No siempre es evidente, pero pesa. Se instala en los días largos, sin conversaciones. “Yo estaba muy sola en casa”, recuerda Fina, vecina de la zona y residente del centro. Sus hijos y nueras trabajaban todo el día y, aunque contaba con cuidados, sentía que le faltaba algo.
El cambio empezó cuando tomó una decisión. “Les dije que me quería venir a la Torre”, cuenta, en referencia a la flamante residencia de Novaedat de Vall d'Uixó, que se levanta en medio del llano en una zona rodeada de montañas. Hoy, su vida es otra. “Ahora estoy feliz, pletórica”, asegura. "Tengo amigos, muchos amigos”, añade. Hace poco celebró su cumpleaños junto a Lidia, una de las técnicas socioculturales del centro, con quien comparte fecha. Una escena que resume bien lo que define este modelo, la cercanía y los vínculos que se construyen en lo cotidiano.
“Durante mucho tiempo hemos entendido la vejez desde una mirada muy limitada”, dice Teresa. Pero “no es una enfermedad, es una etapa vital más que tiene sus propias necesidades, pero también sus posibilidades”. Ese cambio de mirada deja de poner el foco en lo que se pierde y empieza a centrarse en la persona, que sigue ahí, con su historia y sus preferencias. Por eso, el primer paso no es tratar, sino conocer. Saber quién es esa persona, qué le gusta, cómo ha vivido, qué necesita ahora. “Cada una es única”, insiste Teresa. Y solo a partir de ese conocimiento es posible construir un plan de atención personalizado, que refuerce aquello que le da sentido a su día a día.
“Yo les hablo como si nos conociéramos de toda la vida”, cuenta Lidia. Para ella, ese es el punto de partida. “Si no tienen confianza, no quieren hacer nada”, remarca. Su trabajo no consiste solo en organizar actividades, sino en generar espacios donde las personas se sientan cómodas.
Las bromas, las conversaciones, los pequeños gestos forman parte del cuidado. “Aquí se prioriza que se lo pasen bien”, resume. Puede parecer algo sencillo, pero no lo es. Durante mucho tiempo, estos centros se pensaron desde la asistencia, pero aquí el disfrute también es un objetivo. Moverse, participar y salir significa ser parte de la vida. Esta mirada se traduce en una característica singular de Novaedat, la de la apertura de sus centros, que no son espacios cerrados, sino lugares conectados con el entorno.
“Queremos cambiar la visión que se tiene de los centros de mayores. Hay que tener una visión de vida”, explica Raúl Planells, subdirector general y director del Área Sociosanitaria. “Conseguir recuperar una vida de comunidad es lo importante”.
Como señala Marcos Turró, presidente y director general de Grupo Cleop-Novaedat, el objetivo no es únicamente ofrecer atención sanitaria, sino “darle un peso social importante”, con espacios donde las personas puedan decidir, relacionarse y sentirse parte de una comunidad. La residencia deja así de ser un lugar de retiro para convertirse en un entorno donde la vida continúa. Y esa misma lógica se extiende a la salud mental.
José tiene 48 años y durante un tiempo su vida se redujo progresivamente, hasta quedarse prácticamente encerrado en casa. “No quería salir, no quería relacionarme”, recuerda.
Cuando llegó al centro de salud mental de Novaedat en l’Eliana, poco a poco comenzó a participar en las rutinas. “Eso me ayudó a mejorar mi actitud”. Probó varias actividades hasta encontrar lo que le conectaba, el dibujo y la pintura. “Siento que mi vida ha cambiado”. Está a punto de recibir la alta terapéutica, que es el objetivo de un modelo que no busca retener, sino acompañar.
Detrás hay un enfoque claro. “Escuchar, conocer desde la humildad y ver cómo podemos ayudar”, explica Mireia Monzó, la coordinadora psicológica del centro. El acompañamiento se organiza en un programa de autonomía por niveles, desde una etapa más supervisada hasta una vida cada vez más independiente, con salidas, gestión del tiempo y responsabilidades propias. “Esto va hacia fuera, no hacia dentro”. El objetivo no es solo estabilizar, sino avanzar. “Nuestro mayor éxito son las altas terapéuticas”, añade.
La comunidad juega un papel central también aquí. Alba, técnica sociocultural del centro, organiza distintas actividades: deporte, música, talleres, espacios de relajación. “Una persona anima a otra, y al final se hace un grupo”. Así comienzan a romper el aislamiento.
En ambos ámbitos —la vejez y la salud mental— el modelo de Novaedat parte de la idea de que la autonomía, los vínculos y la posibilidad de formar parte de una comunidad son esenciales para vivir con dignidad.
Desde 2016 Triodos Bank ha acompañado este enfoque, con una visión de largo plazo. Más allá del respaldo financiero, se trata de compartir una manera de entender el cuidado a través de la creación de valor social y comunitario.
Lo que ocurre en estos centros no se puede medir sólo en términos clínicos. Está en los pequeños gestos. En alguien que vuelve a confiar, que sale, que se relaciona. En el fondo, se trata de algo tan simple como que la vida no se detenga y encuentre nuevas formas de seguir. ■









¡Muchas gracias por tu comentario!
Por favor, confirma tu comentario haciendo clic en el enlace del e-mail que has recibido.