A pesar -o quizás por ser uno de los más pequeños-, el Mediterráneo concentra en sus aguas una paradoja y, a su vez, un desafío: es uno de los mares más productivos del mundo y uno de los más amenazados. Esta tensión entre riqueza y vulnerabilidad es, precisamente, el punto de partida de la economía azul regenerativa, un modelo que propone una mirada de superación en el dilema entre desarrollo y conservación, proponiendo construir uno a partir del otro. Y Málaga, capital de la costa del Sol en el sur de España, un territorio donde el mar atraviesa la economía, la identidad y el paisaje, se ha convertido en el epicentro de esta transformación. Bajo el título “Economía Azul Regenerativa: Del Impacto a la Acción”, Triodos Bank ha reunido allí a algunos de los actores claves de este despegue: científicos, empresas especializadas en soluciones basadas en la naturaleza y plataformas de innovación que trabajan para trasladar este modelo del plano conceptual hacia proyectos reales.
La economía azul ya genera en Andalucía más de 17.000 millones de euros al año y da empleo directo a 300.000 personas, lo que representa en torno al 11 % del PIB regional, según informes del sector empresarial y gubernamental. “Creemos que es un sector de crecimiento: Existen proyectos que son un referente, y desde la colaboración podemos contribuir a impulsar y escalar”, señaló María Macías, representante de Triodos Bank en la zona y anfitriona del encuentro.
Fundación Aula del Mar: la ciencia como punto de partida y brújula

Para el presidente de la Fundación Aula del Mediterráneo (FAMM), Juan Antonio López, “la economía azul es un eje transversal” que requiere de alianzas, pero solo puede funcionar si está anclada enel conocimiento empírico. “El trabajo científico es fundamental, necesario, y además es el que, en alguna manera, va a marcar las directrices para que la economía azul dé resultados”, explicó. Poder conocer y cuantificar el “capital natural”- los ecosistemas y servicios ecosistémicos que prestan- es el paso previo imprescindible para que los modelos económicos sean realmente sostenibles.
La Fundación trabaja con distintas estrategias y dos líneas vinculadas directamente con la economía azul: por un lado, la recuperación y restauración de praderas de posidonias, y por otro lado, la conservación de arrecifes biogénicos intermareales, dos hábitats sensibles y valiosos que funcionan como reservorios de carbono. También protegen el “caballo de mar”, una “especie bandera” porque protegiéndolo a él se está salvando la biodiversidad marina en general. Se trata de proyectos ambiciosos, de varios años, con inversiones significativas para una organización sin ánimo de lucro. “Sin el apoyo de entidades como Triodos, sería inviable”, subrayó el experto.
Recientemente, la FAMM puso en marcha una plataforma de formación especializada en economía azul, una iniciativa estratégica que permite conectar la misión de conservación con el entramado productivo.
Biotonomy: la naturaleza como infraestructura urbana y el agua como elemento

Integrar la filosofía de la economía azul al ecosistema general -y urbano en particular- también es un desafío. Juan Marín, director de Negocios de Biotonomy, aporta una mirada diferente al aplicar soluciones basadas en la naturaleza en la ciudad y la arquitectura.
Su empresa integra jardines verticales, cubiertas verdes y sistema de depuración natural de agua en proyectos de construcción, con una tecnología específica: los humedales construidos. “Es un proceso natural donde las bacterias y las plantas se comen toda la materia orgánica y sale agua limpia”, explica.
El impacto es directo y potente: “podemos llevar la depuración a sitios donde las grandes canalizaciones son inviables, y evitar infraestructuras que son contaminantes y consumen mucha energía”, destaca Marín. Sea un hotel -en una zona con fuerte presión turística como Málaga -, un complejo residencial o un pueblo, pueden gestionar sus aguas residuales con plantas, reutilizar el agua para riego y reducir así el impacto ambiental.
Blue Lab y la Asociación A.I.R.E: el ecosistema innovador que conecta
Lourdes Schreiner, responsable de Comunicación de la Asociación A.I.R.E y de Blue Lab, representa una pieza que es quizás menos visible pero necesaria para el desarrollo del ecosistema innovador en su conjunto: la plataforma que conecta a todos. Blue Lab es un proyecto que nace de una alianza entre Impact Hub, Biotonomy y el tejido empresarial malagueño con el objetivo de que ideas dispersas, innovadoras, se conviertan en proyectos reales medibles y escalables en el territorio. “Estamos allanando el camino para todos los que vayan a querer sumarse a esta nueva ola”, afirmó Schreiner.
Con retos conocidos como trabas burocráticas o falta de recursos, Málaga está marcando el camino gracias a las alianzas que se generan. En ese sentido, la financiación juega un papel clave. Por eso, para Schreiner Triodos aporta “cercanía” y respuestas a algo tan abstracto como la pregunta que se hace un emprendedor de ¿cómo puedo financiar mi idea de negocio para que genere impacto?
El poder de construir juntos una alternativa
Durante todo el encuentro se filtró una idea nítida y poderosa: una verdadera economía azul regenerativa, con el mar como aliado, no ocurrirá por sectores aislados, sino gracias a la interacción y colaboración entre ciencia, empresas, sector público y financiación privada.
En ese sentido, espacios como los “Desayunos con Impacto” de Triodos son una necesidad estratégica: “ Muchas entidades estamos haciendo lo mismo y perdemos muchos recursos al hacerlo solos. La unión hace la fuerza”, destacó Marín.
“Invertir en soluciones basadas en la naturaleza es invertir en resiliencia”, resumió Macías, sintetizando la lógica de este ciclo de encuentros. Málaga, con los casi mil kilómetros de costa que tiene Andalucía como telón de fondo, empieza ya no solo a vivir de la economía azul, sino a gobernar y gestionar el Mediterráneo como un activo compartido que funciona como palanca de transformación ecológica, bienestar social e integración.







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