Cuando las mujeres están infrarrepresentadas en la creación de empresas, las sociedades pierden ideas, empleo e innovación. Ellas representan aproximadamente la mitad de la población mundial, pero el entorno emprendedor es, todavía hoy, más restrictivo para ellas que para los hombres.

Las trayectorias emprendedoras de las mujeres suelen estar marcadas por normas culturales, estereotipos sobre su participación en el mercado laboral, una menor autoconfianza y una persistente brecha de género en el acceso a la financiación. Este artículo analiza las últimas tendencias en el emprendimiento femenino, los obstáculos a los que se enfrentan las mujeres y la determinación necesaria para superarlos, un tema clave para un futuro inclusivo.
Superar los obstáculos en el emprendimiento femenino
Varias tendencias ponen de relieve tanto los avances logrados como las direcciones, a menudo sorprendentes, que toma el emprendimiento femenino. Los obstáculos varían ampliamente según las regiones, los países y los niveles de renta. Reconocer estas tendencias y abordar las barreras es fundamental para avanzar de manera significativa hacia la igualdad de género en el emprendimiento. A continuación, se presentan algunos ejemplos:
Financiación
El acceso a la financiación es una de las barreras más importantes para las mujeres que desean iniciar y mantener un negocio. Por ejemplo, las investigaciones destacan que las mujeres emprendedoras tienen aproximadamente un 25 % menos de probabilidades que los hombres de utilizar préstamos bancarios para financiar sus empresas, y que, por lo general, ponen en marcha sus negocios con menos capital financiero que los hombres.
Además, la cautela de las mujeres a la hora de solicitar préstamos puede dificultar el acceso a los recursos necesarios para la creación y el crecimiento empresarial. A menudo se percibe que los hombres tienen más probabilidades de iniciar un negocio rentable, lo que puede traducirse en una mayor financiación para empresas lideradas por hombres. Cuando las mujeres emprendedoras sí reciben financiación externa, suelen obtener cantidades menores, pagar tipos de interés más altos y tener que aportar más garantías que los hombres.
Este sesgo a favor de las empresas lideradas por hombres en el acceso a la financiación se ve compensado, en cierta medida, por el hecho de que cada vez más mujeres invierten en empresas lideradas por otras mujeres. Más de la mitad de las mujeres inversoras han declarado recientemente que han invertido en un negocio propiedad de una mujer, frente al 17 % de los hombres que afirmaron que sus inversiones se destinaban a empresas con liderazgo femenino.
Esta brecha de género es especialmente pronunciada en Estados Unidos y en Oriente Medio y África, donde el porcentaje de mujeres que invierten en proyectos liderados por otras mujeres es seis veces mayor que el de hombres.
Normas culturales y sociales
Sin embargo, la financiación por sí sola no puede impulsar el emprendimiento femenino. Las diferencias culturales y las normas sociales dentro de los ecosistemas emprendedores son tan importantes como la disponibilidad de financiación.
En muchas sociedades, los roles tradicionales —los hombres como “sustentadores” y las mujeres como “principales cuidadoras”— siguen vigentes, y las mujeres emprendedoras a menudo tienen que ir en contra de estas expectativas para desarrollar actividades empresariales. Romper con los roles tradicionales lleva tiempo, y la existencia de referentes visibles en empresas ya consolidadas puede ayudar. También persisten estereotipos como la percepción de que ellos tienen más habilidades que ellas para iniciar un negocio rentable.
En Europa, donde por cierto la brecha de financiación de género es menor, la actividad emprendedora femenina sigue siendo modesta, con tasas de creación de empresas que suelen situarse entre el 2 % y el 11 %. Este dato se ve influido por normas ocupacionales marcadas por el género y por niveles generales más bajos de actividad emprendedora. En cambio, en Latinoamérica las tasas de emprendimiento femenino oscilan entre el 5 % y el 32 % impulsadas por normas favorables al emprendimiento y por una fuerte cultura de creación de empresas basada en la familia.
Las normas sociales también pueden dificultar la continuidad de los negocios liderados con liderazgo femenino.
En particular, las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de cerrar una empresa por motivos familiares o personales, lo que pone de relieve las tensiones persistentes entre el emprendimiento y las responsabilidades de cuidado. En concreto, en Estados Unidos la liquidación de negocios por estos motivos alcanza porcentajes del 22,6 % entre las mujeres contra el 9,8 % entre los hombres
Enfoques distintivos de las mujeres en los negocios
Aunque en ocasiones las mujeres expresan reservas sobre sus habilidades emprendedoras y muestran mayor cautela en sus decisiones, aportan perspectivas valiosas que pueden reforzar las iniciativas de sostenibilidad. Apoyar a las mujeres emprendedoras no solo consiste en crear referentes, generar empleo y fomentar la innovación; también implica reconocer que tienden a priorizar la sostenibilidad más que los hombres, a menudo con objetivos sostenibles colocados en lugares preferentes frente a los puramente económicos. Esto sucede así un 5 % más a nivel global. Muchas empresas lideradas por mujeres están además a la vanguardia de la innovación en el ámbito de la salud y de la inteligencia artificial ética.
Emprendimiento inclusivo
Estas tendencias muestran que no existe un único factor que impulse el emprendimiento femenino.
Cuando se alude al emprendimiento verdaderamente inclusivo se habla de construir de forma intencionada entornos que favorezcan la inclusión. Esto puede suponer ampliar el acceso de las mujeres a la financiación y la tecnología, cuestionar las normas de inversión y culturales y promover un reparto más equitativo del cuidado infantil mediante medidas como la ampliación de los permisos de paternidad, entre otras. Al derribar barreras y tender puentes, el futuro del emprendimiento puede ser más diverso, sostenible y resiliente, en beneficio de la sociedad en su conjunto.

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