De una nave de 5.000 metros cuadrados en Lucena, Córdoba, han salido algunas de las lucesque (desde hace unos años) han hecho internacional a la Navidad de Vigo. También las del árbol de 30 metros de la Puerta del Sol, la Feria de Sevilla, la de Jerez y muchas otras fiestas, verbenas y celebraciones dentro y fuera de España. Detrás de parte de ese trabajo está Smart TopServices, un Centro Especial de Empleo que en diez años ha pasado de cuatro personas (dos de ellas socios) a una plantilla de alrededor de 700 personas trabajadoras, el 98% con alguna discapacidad reconocida.
El mercado laboral sigue arrastrando un prejuicio difícil de desmontar: la sospecha de que una persona con discapacidad será, de entrada, peor trabajadora. Para Diego Ruiz, presidente de Smart TopServices, esa es una de las principales batallas: demostrar que el rendimiento no depende de una etiqueta, sino del ajuste entre capacidades, apoyos y entorno. “Una persona con discapacidad puede ser igual o más válida que una persona sin discapacidad reconocida si hay una buena selección y una buena implementación”, responde al otro lado del teléfono, desde Jerez.
El empleo inclusivo no consiste en encajar a las personas en puestos que no las miran. Consiste, más bien, en hacer la pregunta al revés: qué tiene que cambiar en el puesto, en la empresa y en la sociedad para que cada persona pueda aportar lo que sabe hacer. Ahí, en esa adaptación, empieza muchas veces la verdadera inclusión. “Es la sociedad o el puesto de trabajo el que debe adaptarse a la persona, no la persona al puesto”. La reflexión desborda el ámbito laboral y remite a algo que ocurre mucho antes, en la escuela: cuando quienes más apoyo necesitan son obligados a encajar en estructuras rígidas, sus dificultades no desaparecen; a menudo se agrandan. Con esa semilla a cuestas toda su vida escolar, ¿qué pueden esperar cuando llegan al mercado laboral?
Smartt nacía hace diez años con la certeza de que las cosas pueden ser distintas. Ruiz había creado antes otras empresas, pero sentía que quería aportar algo más a la sociedad. Tenía cerca historias de personas con discapacidad a las que les resultaba muy difícil acceder a un empleo. Sus primeros pasos los dieron como empresa de servicios; también como call center, aprovechando una estructura de personal e instalaciones para ofrecer oportunidades laborales a quienes lo tenían más complicado en el mercado ordinario.
Hoy presta servicios de logística, manipulación, limpieza, mantenimiento, recepción, administración, cadena de montaje o servicios medioambientales, entre otros. En el caso de Iluminaciones Ximenez, por ejemplo, trabaja con cerca de 80 personas empleadas en provincias como Córdoba, Cádiz y Pontevedra. Pero Ruiz insiste en que la dimensión importante no es solo el volumen, sino la mirada. “Al poco tiempo de empezar a trabajar con nosotros ya no son clientes, ya son partners, compañeros de camino”, explica. Y cuando una empresa llega con dudas, añade, lo primero que cambia es “la lección de vida que aprende”: “Se piensa el cliente que una persona con discapacidad no es capaz de ser más eficiente que un trabajador sin discapacidad reconocida. Y yo puedo asegurar que, haciendo una buena selección y una buena implementación, el trabajador con discapacidad es igual o más válido que uno sin discapacidad”.
Todo empieza, precisamente, con ese trabajo previo. “Cuando tratamos con un cliente, lógicamente, para dar un servicio tenemos que analizar el puesto de trabajo que va a ocupar la persona”, explica Ruiz. El equipo se sienta con la empresa, estudia sus necesidades y, a partir de ahí, desarrolla e implementa el modelo de servicio. Puede tratarse de una oficina que limpiar, una nave industrial, una línea de manipulación, un almacén o un servicio de recepción. “Si vamos a limpiar una oficina, una industria o unas instalaciones, analizamos las instalaciones, desarrollamos si el personal necesita algún curso específico, si es necesaria maquinaria o algún producto y, a partir de ahí, implementamos el servicio”.
Y en ese proceso, adaptarse al trabajador o la trabajadora es primordial. “Si hay que ponerle un reposapiés, o una pantalla más grande porque tenga deficiencias en la visión, o en definitiva adaptar su puesto de trabajo, pues hay que hacerlo”, resume Ruiz. Otras veces el apoyo tiene que ver con facilitar el transporte, acompañar a la persona o coordinarse con su entorno familiar. Como Centro Especial de Empleo, Smart cuenta con equipos de recursos humanos y servicios de apoyo integrados por psicólogos, trabajadores sociales y profesionales de inclusión. La diferencia, sostiene Ruiz, es que un CEE bien gestionado no se limita a cubrir un servicio: “No solo damos servicio a nuestros clientes con personas con discapacidad, sino que nos ocupamos de nuestros trabajadores”.
Para él, Smart es acompañamiento en el proyecto vital de cada persona. “Yo me quedo con los agradecimientos, no solo de los trabajadores, sino de esa madre que nos agradece que su hijo tenga un trabajo metiendo lentillas en fundas”, cuenta sobre un trabajador dentro del espectro autista. También recuerda a una familia que, con el padre a punto de fallecer, agradeció los dos últimos años que había pasado en la empresa: “Para su familia fue una liberación y una afirmación de que ese padre podía sentirse útil para la sociedad”. Por eso, cuando Smart resume su trabajo con el lema “aportamos alma a las empresas”, Ruiz lo aterriza en una idea muy concreta: “Nosotros aprendemos mucho más de ellos que ellos de nosotros”.
Una estructura financiera para sostener la inclusión
Pero sostener ese impacto exige también una estructura económica capaz de aguantarlo. Y ahí entra Triodos Bank. El empleo inclusivo no vive solo de buenas intenciones: necesita liquidez, planificación y entidades financieras que entiendan cómo funciona un Centro Especial de Empleo. Smart TopServices paga las nóminas a final de mes, pero sus clientes pueden abonar las facturas meses después. Además, una parte importante del equilibrio económico del modelo depende de subvenciones que no siempre llegan al mismo ritmo que los pagos que debe afrontar la empresa.
“Este negocio tiene muchísima necesidad de circulante”, explica Ruiz. “Vamos contratando personas para realizar los servicios y hay que pagarles la nómina al final de mes. Sin embargo, los clientes no nos pagan hasta 60 o 90 días después”. En ese espacio entre el trabajo realizado y el dinero que llega, la financiación deja de ser una cuestión abstracta: se convierte en la condición que permite sostener empleos, equipos y vidas.
Smart lleva casi ocho años trabajando con Triodos Bank. Según Ruiz, la entidad ha acompañado su crecimiento anticipando parte de las subvenciones y ayudándoles a afrontar el pago de nóminas y la estructura de la empresa. “Conocen perfectamente la forma de trabajar de los centros especiales de empleo”, señala. Para una compañía que ha pasado de cuatro personas a unas 700, este acompañamiento ha funcionado como pulmón financiero. “La rapidez con la que Triodos da respuesta a nuestras necesidades financieras no la he visto en ninguna otra entidad”, afirma. No lo plantea solo como una relación bancaria, sino como una alianza con una entidad que entiende que detrás de cada operación hay empleo, estabilidad y una misión social.
Su historia demuestra que la inclusión laboral no se resuelve solo con cumplir una obligación legal. La legislación puede abrir una puerta, pero lo decisivo ocurre después: cuando una empresa deja de mirar la discapacidad como un riesgo y empieza a mirar las capacidades, los apoyos y las condiciones que permiten trabajar bien. “La visión de la discapacidad de una empresa que trabaja con Smart TopServices da un giro de 180 grados en muchos casos”, asegura Ruiz.
Quieren seguir creciendo y convertirse en una referencia de inclusión sociolaboral, aunque Ruiz recuerda que el sector todavía necesita apoyo público y reglas que entiendan mejor la realidad de estos empleos, a menudo estacionales o de corta duración. Mientras tanto, su lema resume su manera de entender el trabajo: “Aportamos alma a las empresas”. Puede sonar abstracto hasta que se baja a tierra: una nave en Lucena, una nómina que llega a tiempo, una madre que ve a su hijo trabajar, un cliente que cambia su mirada, una entidad financiera que entiende que anticipar circulante puede significar sostener vidas.






¡Muchas gracias por tu comentario!
Por favor, confirma tu comentario haciendo clic en el enlace del e-mail que has recibido.