Los mercados energéticos atraviesan una época de grandes turbulencias. Desde las rutas marítimas del estrecho de Ormuz hasta las zonas en conflicto de Ucrania, las tensiones geopolíticas sacuden las cadenas de suministro de todo el mundo, disparan la inestabilidad de precios y la inflación, y ponen en evidencia la fragilidad del modelo energético mundial.
Se imponen con claridad dos prioridades. Por un lado, la deeliminar la dependencia de las denominadas centrales de gas “de punta” —que entran en funcionamiento durante los picos de demanda— y, por otra, la degarantizar la estabilidad de la red en unos sistemas cada vez más dominados por las energías renovables de generación variable.
Las energías renovables son fundamentales tanto para la estrategia climática como para la seguridad energética. Su verdadera consolidación requerirá una inversión coordinada no solo en generación, sino también en infraestructura de red y, lo que es más importante, en almacenamiento de energía.
Reducir el peso de los combustibles fósiles en el equilibrio de la red
Durante décadas, las compañías eléctricas de los Estados Unidos, Europa, Japón y Australia han recurrido a centrales de punta y otras centrales de gas para cubrir los picos de demanda. Estas instalaciones operan de forma intermitente, pero son muy intensivas en carbono.
Los sistemas de almacenamiento de energía en baterías (BESS) se perfilan ahora como una alternativa viable a esas centrales. Al acumular el excedente de energía renovable en los periodos de demanda baja y descargarla durante las horas de mayor consumo, las baterías pueden replicar —y a menudo superar— el rendimiento de las centrales de punta.
Los sistemas de baterías modernos ofrecen además otras prestaciones, como la deproporcionar servicios esenciales para la red, como la regulación de frecuencia y el soporte de tensión, funciones que históricamente habían desempeñado las centrales de combustibles fósiles. Las baterías se convierten progresivamente en una infraestructura multifuncional, capaz de soportar picos de demanda, equilibrar el suministro y mantener la fiabilidad del sistema.
La rápida evolución de estas tecnologías ha impulsado un crecimiento relevante en el despliegue de baterías en los últimos años. Sin embargo, estos avancen chocan ahora con las tensiones geopolíticas, las expectativas de aumento de la inflación y subidas de tipos de interés, y los cambios en la política industrial de China y Estados Unidos. La cuestión ahora es si ese impulso se mantendrá o se fragmentará.
¿Qué motiva el auge de las baterías?
Por el lado de la demanda, las energías renovables se benefician del aumento de las necesidades de electricidad, impulsadas por los centros de datos para inteligencia artificial, entre otros factores. Esas instalaciones someten a una gran presión a las redes eléctricas, que dependen en gran medida de los combustibles fósiles, y empujan a las empresas tecnológicas a buscar fuentes de energía más limpias. A ello se suma el crecimiento demográfico, que eleva el consumo total de energía y, con él, la penetración de las energías renovables, al tiempo que se buscan fuentes de energía asequibles y estables para el consumo. Por el lado de la oferta, a medida que aumenta el número de países que emprenden su camino hacia la neutralidad climática, los gobiernos se convierten en facilitadores de la adopción de las energías renovables mediante la introducción de incentivos. Al mismo tiempo, las tensiones del suministro de combustibles fósiles —especialmente las derivadas de los conflictos de Oriente Medio— llevan a los gobiernos a replantearse su mix energético, con mayor hincapié en la autosuficiencia a través de las energías renovables.
Según Bloomberg, la capacidad mundial de almacenamiento de energía estacionaria creció un 65 % entre 2024 y 2025 y se espera que crezca un 58 % más en 2026. China, los Estados Unidos, Australia y Reino Unido lideran esa tendencia, mientras que Arabia Saudí emerge también como agente clave. La caída de los precios de las baterías, —un 9 % tanto en 2024 como en 2025— apuntala ese crecimiento.
Al mismo tiempo, las cadenas de suministro de baterías se ven sometidas a una gran presión debido a las tensiones geopolíticas y a los desequilibrios entre oferta y demanda, sobre todo en China. El exceso de capacidad empuja a las empresas productoras chinas a expandirse hacia otros mercados. Sin embargo, esa expansión resulta cada vez más difícil debido a los aranceles estadounidenses y a la tendencia proteccionista creciente adoptada para impulsar la autosuficiencia energética. Como resultado de ello, el acceso de China a otros mercados se ve cada vez más restringido.
Cuando la red no da abasto
Aunque el coste y la capacidad acaparan gran parte del debate, no son los únicos retos a los que se enfrentan las redes eléctricas. La mayoría de las existentes se diseñaron para una generación centralizada basada en combustibles fósiles, no para energías renovables descentralizadas y de generación variable. La integración de grandes proporciones de energía eólica y solar plantea retos de estabilidad nuevos. En este contexto, el papel de las baterías evoluciona con rapidez. Cuando se combinan con otros sistemas de inversión que regulan la frecuencia y la tensión de la red, los de baterías pueden estabilizar la red con gran eficacia.
A diferencia de los sistemas de inversión convencionales —que simplemente siguen la frecuencia de la red— las tecnologías de formación de red ayudan a crear y regular esa frecuencia. Reproducen la inercia y el soporte de tensión que antes proporcionaban las centrales eléctricas de carbón y gas. Se prevé que el mercado mundial de inversión de formación de red crezca de 850 millones de dólares en 2025 a 1.730 millones de dólares en 2034.
Estabilidad futura de la red de energías renovables
Nuestras perspectivas económicas para 2026 contemplan varios escenarios. Las previsiones actuales asumen la reapertura gradual del estrecho de Ormuz y una relajación de las tensiones regionales hacia finales de año. En ese escenario, el despliegue mundial de baterías continúa en crecimiento, aunque los cambios en la política industrial podrían reasignar el liderazgo del mercado, con un alejamiento de EE. UU. y China y el acercamiento a una gama más amplia de regiones. Nuestros escenarios alternativos adoptan una visión más cauta sobre el entorno de inversión en almacenamiento de energía, sobre todo en Oriente Medio. Esa región es aún un mercado en crecimiento para la producción de almacenamiento en baterías.
En definitiva, la revolución del almacenamiento en baterías no consiste simplemente en sustituir una tecnología por otra. Se trata de dar una respuesta a un panorama energético cada vez más volátil, en el que las interrupciones del suministro y las tensiones geopolíticas ponen en evidencia la vulnerabilidad de los sistemas dependientes de los combustibles fósiles. Para los países que han dependido de la su importación y de una infraestructura envejecida, la combinación de generación renovable y almacenamiento avanzado ofrece una vía hacia una resiliencia económica mayor y una competitividad industrial sostenible a largo plazo.

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