La economía real no se queda de brazos cruzados
Ha habido un cambio positivo que me ha llamado especialmente la atención: la economía real está pasando de la aspiración a la ejecución. Los proyectos de energías renovables, las mejoras en las redes eléctricas, las soluciones de almacenamiento y las infraestructuras críticas han avanzado con fuerza hacia la fase de implantación.
Este cambio también se percibe a escala global. Por ejemplo, en Estados Unidos, a pesar de las dificultades políticas y el retroceso de las políticas públicas en materia de energías renovables, la capacidad energética que se añadió el año pasado ha sido mayoritariamente solar, eólica y de almacenamiento de baterías. El capital comprometido en años anteriores ya se está traduciendo en instalaciones operativas. En los Países Bajos, la adaptación al clima se está acelerando también en los hogares, y casi una de cada cinco viviendas ya no depende del gas sino que recurre a redes de calefacción o bombas de calor. Y durante una reciente visita a China, me quedé impresionado al ver lo mucho que han avanzado en electrificación en poco más de una década. Los avances a gran escala ya no son algo teórico, se están produciendo de verdad.
La industria avanza, pero demasiado despacio
La inversión de impacto ya forma parte de muchas carteras institucionales, pero la toma de decisiones suele ser (demasiado) lenta; en mi opinión, debería ser más rápida y más ambiciosa. En un mundo que necesita soluciones ya, parte del problema son las operaciones que tardan años en estructurarse. El impulso sin urgencia es complacencia, y no nos lo podemos permitir.
Aun así, empiezan a verse señales de cambio entre los grandes inversores institucionales, especialmente en los Países Bajos. En un artículo reciente publicado por IEX Profs, Maureen Schlejen, CEO de Achmea Investment Management, defendía que la inversión de impacto no es solo una opción, sino una estimulante oportunidad para construir un futuro mejor, sobre todo en el caso de los fondos de pensiones. Y lanzaba además un llamamiento al sector para acelerar sus esfuerzos. Por tanto, la intención y el capital están ahí. Algunos inversores institucionales están empezando a apostar por las colaboraciones público-privadas y a alejarse poco a poco de las estructuras de inversión aisladas, incorporando cada vez más la sostenibilidad a la toma de decisiones. Los conocimientos especializados en inversiones de impacto se incorporan dentro de las propias organizaciones al tiempo que el riesgo, la rentabilidad y el impacto empiezan a evaluarse de forma integral, y no en fases separadas. Se trata por tanto de una evolución significativa.
La oportunidad no es la limitación
La posibilidad de invertir en la economía real ya es una realidad. La transición energética es el ejemplo más evidente. El almacenamiento en baterías, las redes de calefacción o las infraestructuras industriales a gran escala ya no son tecnologías emergentes, sino componentes esenciales de un sistema energético resiliente. Su trayectoria —desde las dudas iniciales hasta su rápida normalización— recuerda a la experimentada por la energía eólica hace 25 años. Los inversores deben apostar por ella desde ya mismo, aunque empiecen con proyectos más pequeños que puedan luego ampliarse.
La transición energética es una de las muchas oportunidades que existen. La inversión en renta variable sostenible, la inclusión financiera en los mercados emergentes o las soluciones basadas en la naturaleza —tanto en economías desarrolladas como en desarrollo— son fórmulas creíbles para canalizar el capital con impacto hacia la economía real. El principal obstáculo no es la falta de oportunidades, sino la voluntad de actuar con decisión y rapidez.
Mayor foco para 2026
Este año, la prioridad es la aceleración. En la práctica, esto significa centrarnos aún más en educar al sector e impulsar una mentalidad más emprendedora. Nuestro sector necesita más colaboración, más creaciones compartidas y más proyectos piloto que posteriormente puedan ampliarse.
Esto también implica incorporar aún más la voz de los jóvenes. Al fin y al cabo, el impacto del que hablamos hace referencia al mundo que heredarán las próximas generaciones. Su empeño en identificar oportunidades y su negativa a aceptar las limitaciones del pasado es algo que nuestro sector debería imitar.
Las oportunidades existen. El capital también. Lo que se necesita ahora es convicción, rapidez y valor para pasar de la intención a la acción.
Esta columna se publicó originalmente el 19 de febrero de 2026 en Triodos Investement Management.

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