Periodista: ¿Cuándo empezaste a ver que la música tenía un papel muy importante en tu vida?
Quim Carandell: Escribo canciones desde pequeño y siempre he tenido la confianza de que se me daba bien. La música nunca me ha decepcionado. Sí es verdad que cuando tenía dieciocho años, por necesidad económica y porque sentía rechazo a hacer una carrera académica, decidí que lo que más me convenía era buscarme un trabajo que me permitiera compaginar mi vocación mientras ganaba dinero de otra manera. Porque de la música es difícil vivir.
- ¿Y en qué momento te diste cuenta de que podrías dedicarte a ello?
- Eso pasó un poco después, el primer año tras el confinamiento. Empezamos a girar bastante. No ganábamos mucho dinero, pero empezaba a ser un contrapunto al sueldo que entonces me sacaba de otras maneras. Era un ingreso extra que al principio era ínfimo, pero me permitía pagar el ocio y tener cierta comodidad económica. Ahí me di cuenta de que se reconocía mi esfuerzo y poco a poco le fui dando más peso a la música y menos a los otros trabajos. Creo que tenía veintidós años cuando decidí que dejaría de dar clases de guitarra porque me quitaba tiempo que prefería dedicar a ensayar, escribir o hacer conciertos.
- En lo económico, ¿se vive de los directos?
- Fundamentalmente sí. Es lo que se dice y es la verdad. Estamos en un momento en el que no se venden discos ni películas y todos los ingresos que antes tenían las grandes discográficas han pasado a la historia. Por otra parte, aunque con los conciertos es como nos ganamos el pan y también nos ganamos al público, actualmente empiezo a obtener unos ingresos considerables con la parte de la reproducción digital. Especialmente con Spotify y con las radios. Además, tenemos la suerte de haber montado nuestra propia productora musical. Normalmente las empresas suelen ofrecer tratos poco justos al artista y se llevan la mayor parte del pastel, y eso ya no nos pasa.
- ¿Qué papel crees que deberían desempeñar los bancos para apoyar proyectos culturales como tu banda?
- Aquí tendría que hablar desde mi experiencia. Como he dicho, hace un par de años abrimos una cooperativa para gestionar nuestro dinero. Evidentemente, hemos tenido relaciones con bancos, y lo que esperamos de un banco es que nos aporte seguridad, pero también comprensión y empatía. Cuanta menos distancia haya entre las dos partes de la mesa cuando explicas tus aspiraciones, mejor.
- ¿Crees que la música de aquí tiene herramientas para crecer sin perder su esencia o identidad?
- Es difícil, pero creo que no es imposible. Creo que Cataluña es un país pequeño, pero al mismo tiempo muy diverso. Por una parte, está esa tendencia a unificarlo todo y a hacer del mainstream un bloque inamovible, pero también hay mucho espacio para que crezcan proyectos musicales de muchos tipos. Es verdad que llegar a cierta estabilidad profesional es otra cosa, pero si hablamos del estado español, yo creo que no hay ningún otro territorio que se pueda comparar con Cataluña en este aspecto.
- Acabáis de publicar Pel barri es comenta, un disco que aborda el tema del amor desde varios ángulos. ¿Por qué crees que la música pop y el amor van siempre juntos?
- Son los temas que interesan a todo el mundo y las historias con las que nos resulta más fácil conectar, supongo. Queríamos hacer un disco un poco más pop. Siempre hemos hablado del amor y de todas las emociones que surgen a partir de él (la rabia, la pena, la frustración…), pero esta vez lo hemos hecho un poco más realista. Y creo que eso hace que todavía se rompa un poco más la barrera con quien nos escucha.
- ¿También teníais la intención de que fuera un disco más comercial?
- Es verdad que hemos dado un paso hacia la accesibilidad, pero también me pregunto si lo que se mueve es el interés general de la gente y no tanto los grupos de música o las propuestas artísticas. Tengo la sensación de que hacemos lo mismo desde hace diez años. Es cierto que hemos crecido y nos hemos vuelto más seguros, pero ofrecemos más o menos el mismo producto. Lo que quizá ha pasado es que ese interés del mainstream ha virado un poco hacia aquí.
- El directo es una de las cosas que la gente más valora del grupo. ¿Qué tiene un concierto de La Ludwig Band que hace que la gente conecte tanto?
- Creo que hay algo genuino que no se puede fingir. Y como no se puede fingir, la gente entiende que no es impostado. Somos seis amigos que lo pasan muy bien en el escenario. La gente conecta inmediatamente porque viene a pasarlo bien y enseguida ve que somos los que mejor nos lo pasamos, y de alguna manera quiere formar parte de eso. Así que creo que en nuestros conciertos se crea comunidad. Hay un sentimiento de pertenencia.
- Pero al mismo tiempo es un público diverso: ¿por qué crees que La Ludwig ha enamorado a gente de generaciones tan distintas?
- Es verdad que generacionalmente es un público muy diverso, pero socioculturalmente no tanto. Cataluña tiene muchas realidades más allá de la nuestra. Doy charlas en institutos y me doy cuenta del doble agujero que hay en nuestro público: por un lado, adolescentes que no se interesan mucho por nuestra música. También voy mucho por la periferia de Barcelona, zonas de mucha inmigración y gente castellanohablante, y allí La Ludwig Band no es conocida.
- ¿Qué relación crees que tiene la música con la sostenibilidad? ¿Los conciertos actuales dejan mucha huella ecológica?
- Evidentemente dejan una huella. El papel del artista aquí es muy pequeño, porque estamos al final de una cadena larguísima. Intentamos evitar tocar en lugares donde no nos sentimos cómodos, pero no es fácil porque constantemente llegan propuestas y se nos abren puertas que son difíciles de rechazar. A veces he tocado en macrofestivales y pienso en cómo deben quedar los espacios naturales o las ciudades después de que tanta gente pase por allí como una estampida de elefantes… es algo que asusta.
- ¿Crees que la música es capaz de transformar socialmente la realidad?
No creo demasiado en la virtud de la música en sí misma para transformar la realidad. Es verdad que impacta directamente en las almas, y que muchas almas impactadas a la vez pueden moverse al unísono y provocar cambios sociales. Pero en general creo que la música debe enfocarse al corazón y al alma de quien la recibe. Creo que el arte bebe constantemente de la realidad y la transforma, como también la transformamos todos cuando la miramos, cuando la soñamos, cuando la reflexionamos. Por un lado, están las cosas que nos pasan por delante, y por otro lo que nuestros ojos ven, lo que nuestro cerebro analiza y lo que nuestro corazón digiere. Todo eso último es lo que hace el artista.
- Una de las grandes aportaciones de La Ludwig a la sociedad es su repertorio en lengua catalana. ¿Cuál es tu relación con la lengua?
- No soy una persona muy politizada en el espectro nacional, pero soy un firme defensor de la lengua. Creo que el catalán está en una posición vulnerable y la diglosia es algo que debemos reconocer y combatir. Hay una tendencia hacia el uso omnipresente del castellano y no podemos darle la espalda. A mí me encanta el castellano y leo mucho en castellano, pero tenemos que cuidar nuestra lengua, porque si no la cuidamos, nadie más lo hará.□






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