En su última edición, celebrada a finales de junio, la programación reflejó una de sus principales señas de identidad, la de entender la cultura como una herramienta para reconocerse, generar comunidad y transformar imaginarios colectivos.
Una bestia que desafía la norma
Bajo el lema Piztu piztia! —'¡Despierta a la bestia!'—, Zinegoak puso el foco en la figura del monstruo como metáfora de todo aquello que se sale de la norma.
Lo monstruoso, lo que de manera tradicional se ha utilizado para señalar lo extraño, lo incómodo o lo diferente, se convirtió en un lugar desde el que reivindicar la libertad, el deseo y la singularidad. Una invitación a despertar lo que a menudo se reprime para encajar y transformarlo en una fuente de fuerza y resistencia colectiva.
Esta idea estuvo presente en buena parte de la programación. Varias películas abordaron las primeras experiencias afectivas, el despertar del deseo y la construcción de la identidad a través de historias protagonizadas por personas jóvenes que buscan su lugar en el mundo al margen de las normas establecidas.

Producciones procedentes de países como Irán, Corea del Sur, Bélgica, México, Suecia o Alemania mostraron realidades muy diferentes, alejadas de una forma única de comprender las experiencias LGTBIQ+. También hubo espacio para la animación, las artes escénicas, el video podcast, la música y otras narrativas capaces de ampliar las maneras de representar cuerpos, identidades y deseos.
La apuesta por las voces nuevas fue otro de los rasgos de esta edición. Como explicó Alaitz Arenzana, directora del evento, "la mayoría de los largometrajes de la Sección Oficial son óperas primas, una apuesta por abrir espacio a creadoras y creadores emergentes que suelen encontrar más dificultades en el acceso a la exhibición".
Memoria e historias fuera del relato dominante
La película más reconocida de esta edición fue Barbara Forever, de Brydie O’Connor, ganadora del Gran Premio Zinegoak, del premio a la Mejor película de la categoría documental DOK y del premio Lesbianismo y Género.
Construida a partir de materiales de archivo, la película recorre la vida, la obra y el legado de Barbara Hammer, pionera del cine lésbico, experimental y feminista. El jurado destacó su lenguaje poético, su honestidad y su sentido del humor, así como su capacidad para acercarse a la cineasta de una manera sutil y cercana.
Más allá del retrato individual, el documental recupera una memoria colectiva. La trayectoria de Hammer permite observar una época y una comunidad que encontraron en el cine una forma de mostrarse en público, explorar su identidad y dejar testimonio.
El palmarés también reconoció otras formas de hablar sobre la identidad, la pertenencia y los vínculos. The Crowd, del director iraní Sahand Kabiri, obtuvo el premio de la categoría de ficción FIK y el premio Diversidad y Derechos Humanos.
La película muestra a un grupo de personas jóvenes queer que intenta organizar una fiesta. El jurado ha valorado que la historia se aleje de los conflictos políticos que la mirada occidental suele esperar del cine iraní y que construya un relato colectivo a partir de experiencias personales. La amistad, la juventud, la familia, la migración y el duelo forman parte de una historia en la que la identidad no queda reducida al origen de sus protagonistas.
En la sección KRAK, dedicada a las nuevas narrativas, el premio fue para Bouchra, de Meriem Bennani y Orian Barki. La obra combina imágenes, sonido y experimentación formal para explorar el deseo, la nostalgia y la experiencia de pertenecer a dos mundos al mismo tiempo.
A estos reconocimientos se sumaron el Premio del Público para Only the Dead Fish Go With the Flow, el Premio del Jurado Joven para Skin Flick y el Premio del Jurado Senior para Januari. Obras muy distintas que muestran la diversidad de miradas, generaciones y sensibilidades que conviven dentro del festival.
Apoyar historias todavía por contar
Pero Zinegoak no termina cuando se apagan las pantallas. El festival también abre espacios para el desarrollo de obras y para el encuentro entre profesionales del sector audiovisual.
ZG PRO, el espacion dedicado a la industria, impulsa la innovación, la investigación y la formación en torno a la producción audiovisual LGTBIQ+. Su programación combina clases magistrales, conferencias, presentaciones de proyectos y encuentros individuales entre profesionales.
En esta edición, Triodos Bank se incorporó como entidad colaboradora de ZG PRO y patrocinadora del Premio ZG PRO Laborategia, dotado con 3.000 euros. El reconocimiento fue para L’Ultima Estesa, un proyecto de Aina Palomer Sitjà.
Con este apoyo se impulsa una obra que todavía se encuentra en proceso de desarrollo y subraya la importancia de que la financiación llegue también a propuestas culturales que amplían la representación, cuestionan los discursos dominantes y generan un impacto positivo en la sociedad.
En el ámbito audiovisual el acceso a los recursos supone una barrera para muchos proyectos independientes y emergentes. Este tipo de premios puede hacer posible que una historia avance, encuentre colaboraciones y llegue a las salas.






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