“Me enamoré de Sitges. Es como llegar a un sitio y decir este es mi lugar, aquí quiero vivir”, explica Cristina. La tranquilidad habitual de sus paseos por la playa se rompió bruscamente hace unos años cuando, presionada por las deudas, no pudo mantener la vivienda familiar. “Me quedé en la calle con tres niños pequeños, sola, sin trabajo y sin casa”, relata. Sus familia y amistades fueron la red de contención que la sostuvo en aquel momento tan difícil. Cristina encontró un piso en el que vivir, aunque las condiciones eran precarias. “Era muy antiguo. Teníamos frío en invierno, calor en verano. Lo pasé muy mal. Hacía horas extras en un bar, en otro, pero no tirábamos”, recuerda sobre los años que vivió bajo una incertidumbre constante. A pesar de tener un lugar donde dormir, el miedo a tener que abandonar Sitges la angustiaba. 

Cristina, vecina de Sitges y beneficiaria de vivienda asequible. Foto: Gabriel Pecot, JUT Media.
Cristina, vecina de Sitges y beneficiaria de vivienda asequible. Foto: Gabriel Pecot, JUT Media.

Fue entonces cuando, en la búsqueda de ayuda en la página web del Ayuntamiento de Sitges, descubrió las promociones de vivienda asequible de la Fundació Salas, gestionadas por la Fundació Nou Lloc, pensadas precisamente para personas como ella, de  familias trabajadoras que, pese a su esfuerzo , se quedan fuera del mercado de vivienda.  

“Había tres promociones, ni me lo pensé”, recuerda. Con ilusión y, sobre todo, confianza, empezó a realizar los trámites correspondientes. “Mi único objetivo era que mis hijos, que ya lo habían pasado mal, no tuvieran que irse  Aquí son felices, sonríen, tienen amistades de verdad. La fuerza siempre fueron mis niños”, dice Cristina.  

La historia de Cristina refleja una realidad cada vez más extendida en España. Quetener trabajo no garantiza ya poder acceder a una vivienda digna. Esa es la principal preocupación de la ciudadanía española en la actualidad, un drama social que empuja a familias trabajadoras y a las personas más  jóvenes al límite de la pobreza, obligadas a destinar una parte desproporcionada de sus ingresos al alquiler o a una hipoteca.  

La Fundación Salas trabaja desde hace años  para cambiar este desequilibrio. Es una entidad sin ánimo de lucro, especializada en la promoción de vivienda asequible y sostenible, cuyo ADN es construir y vender vivienda al precio que cuesta, sin especular.  

Aunque las causas del problema son múltiples, su directora, Clara Muñoz, tiene algo muy claroque  “la  poca vivienda que hay sube de precio, y tenemos un parque de viviendas públicas muy reducido, que no tienen que ver con las necesidades del país”. Su misión es que las personas no tengan que destinar más del 30 % de sus ingresos a pagar por su vivienda, sea alquiler o hipoteca. Por encima de ese umbral, explica Muñoz, todo  empieza a resentirse, desde la alimentación, la salud y  la educación hasta el ocio. Recuperar ese equilibrio es recuperar margen para vivir, para desarrollar un proyecto de vida. “Una vivienda puede cambiar mucho a una familia, a una persona. Nos puede cambiar la vida”, subraya.  

El modelo que desarrollan no está concebido para atender una situación de emergencia habitacional o exclusión social. Se trata de vivienda social o asequible -término que, en este contexto, se utiliza de formas indistintas-, que se promueve bajo el régimen público de Vivienda de Protección Oficial (VPO)para responder a  la nueva realidad social de  familias trabajadoras, que están dentro del sistema, pero no pueden acceder a una vivienda a los precios actuales e inasumibles del mercado. 

Jordi Purrà, el director de la Fundación Nou Lloc, entidad que gestiona promociones construidas por Salas, es testigo de este cambio cada día: “Una familia en la que una persona  pierde el trabajo puede fácilmente devenir en familia vulnerable. El umbral de vulnerabilidad ha bajado muchísimo en nuestra sociedad", dice.  

Las personas que cumplen los requisitos - como límites de rentas o lugar de residencia - se inscriben en las promociones y participan en un sorteo público de adjudicación. A partir de ese momento, comienza un proceso de acompañamiento que se extiende más allá de la entrega de la vivienda. "Desde el comienzo de la adjudicación trabajamos con personas que tienen dificultades concretas, por ejemplo, familias monoparentales. Hacemos una escucha activa de cualquier tipo de problema económico o laboral para ayudar a solucionarlo", explica el director de Nou Lloc.  La fundación también media para favorecer la convivencia de la comunidad. La idea es dar "una continuidad habitacional".  

Cristina recuerda muy bien lo que significó sentirse acompañada en aquel proceso. “Cuando vienes de un momento tan malo en el que lo único que recibes son llamadas de deudas, de golpe aparece un ángel que te dice: ‘yo te voy a ayudar’. Mi problema ya no era sólo mío, era compartido”. 

Después llegó el momento en el que su vida definitivamente dio un vuelco. Las emociones de aquel instante siguen a flor de piel. El día del sorteo se había quedado en su casa, tenía la foto de su madre al lado, mientras su hija estudiaba. “El primer número que salió fue el 3, que era el mío. Me puse a llorar, y a saltar”, recuerda.  Sus amigos, que estaban pendientes de la adjudicación, empezaron a llamarla uno tras otro. “Fue un momentazo. Estuve 15 días llorando”. A los pocos días ya estaba en su nuevo hogar. No tenía muebles, no tenía nada. “Pedí unas pizzas. ¿Hace falta algo más? Para mí, no", dice con una sonrisa. "La lotería cambia la vida de las personas. A mí me ha cambiado. No necesito dinero para ser feliz, pero un hogar sí", resume Cristina.    

La vivienda que recibió Cristina no es cualquier vivienda. Es el resultado de un modelo concebido para que sea asequible en el tiempo, donde la innovación, la sostenibilidad y calidad son parte de la solución, no un valor añadido. Para Fundación Salas ésa es la única forma de responder al problema de la vivienda de manera estructural. Al cambiar la forma en la que se construye, pero también con la protección a las viviendas para que cumplan siempre su función social. “Lo que perseguimos es que queden en manos de entidades sin ánimo de lucro, que no se puedan vender a fondos de inversión que el día de mañana se llevarían los beneficios fuera del país y no los reinvierten en viviendas sociales”, dice Clara Muñoz.   

A la hora de construir, la clave está en la industrialización. Construir promociones de más de 50 viviendas les permite innovar, con sistemas de construcción más rápidos, más precisos y con menos impacto ambiental que la obra tradicional. “La necesidad de viviendas es tal que no vamos a poder construir si no industrializamos”, sostiene Muñoz.  El tiempo, en este contexto, no es un detalle menorporque “cuanto antes se terminan las viviendas, antes pueden ocuparlas las familias que las necesitan”.  

La industrialización también implica construir de forma más sostenible. Lo que se produce en fábrica permite controlar mejor la gestión de residuos y suministros. El resultado son edificios con eficiencia energética AA, reducción de consumo y emisiones. “Hemos aprendido a diseñar con todos estos factores presentes”, explica la directora de la fundación Salas.  

“Nuestras viviendas no tienen nada que envidiar a las del mercado libre. En algunos aspectos, son mejores”, añade Muñoz. La razón responde a la filosofía del proyecto y son edificios que tienen que durar décadas. Por eso, construir con calidad no es un lujo, es la condición indispensable para que sean  asequibles y sostenibles en el tiempo. 

Este cambio de perspectiva requiere también una forma distinta de colaboración. La administración pública juega un papel decisivo porque facilita el suelo para las promociones, de forma gratuita o mediante cánones simbólicos. Sobre esa base se articula una alianza entre entidades sociales, administraciones y financiación privada con valores compartidos.  

“La banca tradicional no valora el impacto social de los proyectos que financia”, dice Muñoz. En cambio, Triodos Bank “entiende quienes somos y comparte nuestra visión de la necesidad de solucionar este problema social”, apunta la directora. Sin ese respaldo, algunos proyectos de la Fundación Salas no hubiesen sido posibles. "Sin Triodos, las viviendas de Sitges se habrían puesto en alquiler uno o dos años más tarde. Ahí fue decisivo”, subraya.  

Cristina no es un número en este proyecto, tampoco sabe cuántas familias como la suya pasaron por el proceso de adjudicación. Lo que sí sabe es lo que significó para ella y su familia acceder a una promoción de la Fundación Salas y Nou Lloc. “Hay que creer en los proyectos, porque cambian la vida de las personas. A mí, a mis hijos, a mis amigos que querían que nos quedáramos en Sitges. Imagínate la cadena que hemos hecho de una sola adjudicación”, resume. La Fundación Salas entrega hoy unas 1.000 viviendas al año. Son 1.000 hogares, 1.000 familias, 1.000 proyectos vitales como el de Cristina.