El calor extremo afecta a la economía de múltiples formas. Algunos ejemplos: peores cosechas, producción energética más cara, interrupciones en el transporte y menor productividad laboral. Investigadores de Triodos Bank advierten que el calor extremo podría anular el crecimiento económico de Europa y que el calor extremo podría restar alrededor de un punto porcentual al PIB de la UE en 2026. Según sus cálculos, esto equivaldría a unos 180.000 millones de euros en daños económicos. Hans Stegeman, economista jefe de Triodos Bank, declaró a la agencia neerlandesa NOS: "Para que quede claro: hablamos de daños económicos posibles. Pero, en nuestra opinión, esta cifra es más bien conservadora".

Dicho de otro modo: el daño económico podría ser mucho mayor. A menudo escuchamos que la energía sostenible es demasiado cara y que la transición ecológica reduce la competitividad de las empresas. Sin embargo, este verano demuestra lo contrario: ahorraríamos dinero si apostáramos por soluciones climáticas. "Cada tonelada de CO que ahorramos reduce el calentamiento futuro", según Stegeman.

¿Por qué el calor equivale a daños económicos?

El calor y la sequía tienen un efecto directo en nuestra economía. Por ejemplo, en la producción de alimentos. Las cebollas, ante el calor extremo, se cierran para evitar la evaporación y, en consecuencia, dejan de crecer. También la producción de patatas, maíz, lácteos y carne se resiente. Igualmente la generación de energía disminuye, lo que provoca un aumento de sus precios. Esto se debe, entre otros factores, a los bajos niveles de agua que reducen la capacidad disponible para refrigerar las centrales nucleares. Mientras tanto, los numerosos incendios forestales también causan daños económicos.

Pero, según los investigadores de Triodos, el mayor culpable de los perjuicios económicos es la menor productividad laboral, es decir, la cantidad de trabajo que realizan las personas. La productividad laboral disminuye cuando las temperaturas superan los 25-30 °C.

España no es una excepción. El calor ya afecta a nuestra capacidad de trabajar. La evaluación de riesgos climáticos del Gobierno calcula que, en el sur del país, la pérdida de productividad laboral podría rondar el 1 % entre 2021 y 2040. Y esto es solo el principio: si no nos adaptamos a temperaturas cada vez más altas, a partir de 2040 el coste de trabajar con más calor podría equivaler a entre el 1 % y el 2 % del PIB en el sur y el este de España. El efecto es mayor en los trabajos físicos, manuales o al aire libre, pero también afecta a los empleados de oficina, cuya productividad se resiente en espacios calurosos. Además, el calor reduce la calidad del sueño, lo que a su vez dificulta pensar con claridad y desempeñar bien nuestro trabajo.

Por otra parte, una de las respuestas más rápidas al aumento de las temperaturas es el aire acondicionado, lo que incrementa la demanda energética y las emisiones de carbono, según cómo se genere la energía. Por eso, Stegeman insiste en la necesidad de cambios estructurales que implican rediseñar o adaptar viviendas y edificios para que se mantengan frescos durante los períodos de calor.

Romper el ciclo

Sequía, calor, naturaleza arrasada, daños económicos… Este verano ha dejado más claro que nunca que el daño climático ya no es un futuro lejano. Ocurre hoy, ante nuestros ojos. Sin embargo, las personas responsables políticas siguen sin actuar en consecuencia: el pasado 17 de julio, en pleno verano de incendios y olas de calor en Europa, la Comisión Europea propuso relajar las normas sobre emisiones de CO para las empresas.

Especialistas de Triodos Bank denominan este fenómeno la "espiral del desastre": el daño climático frena el crecimiento económico, por lo que desde la política se actúa con el debilitamiento de las políticas climáticas para las empresas. Con ello, esperan proteger el crecimiento económico, aunque esas políticas se habían implementado precisamente para evitar daños económicos futuros. El resultado: las emisiones nocivas no disminuyen, y el próximo verano caluroso causará aún más daños.

Es una peligrosa espiral descendente. Si debilitamos más o posponemos las políticas climáticas para proteger el crecimiento económico de este año, pagaremos un precio cada vez más alto en el futuro. Ha llegado el momento de tratar el cambio climático como una emergencia, tanto para nuestro bienestar como para la economía. La buena noticia es que sabemos qué hay que hacer y las soluciones existen.

¿Presión a quienes gobiernan?

Las personas responsables políticas deben construir una economía preparada para el futuro y mantener fuertes las estrategias climáticas. Es fácil sentir un poco de desesperanza en momentos como estos, pero pequeñas acciones, como escribir a tus representantes, unirte a un grupo de acción local o apoyar campañas climáticas, pueden marcar una gran diferencia.

Obtén más información en el informe de Triodos Bank, Hot Summer Economics.