El principal reto de Europa – y lo que se ignora 

El panorama geopolítico mundial cambia a gran velocidad, y no siempre a favor de Europa. Cada vez es mayor la sensación de que la UE se queda atrás respecto a grandes potencias como los Estados Unidos y China, sobre todo en materia de avances tecnológicos. El influyente informe de Mario Draghi sobre el futuro de la competitividad europea advierte de que los cimientos de los estados del bienestar europeos se encuentran bajo una presión fuerte y concluye que nuestro ámbito de actuación es «reorientar los esfuerzos colectivos a cerrar la brecha de innovación con los Estados Unidos y China». 

Desde su publicación, este informe ha dejado una clara huella en las políticas públicas de la UE. Sin embargo, tanto Draghi como la Comisión Europea se quedan cortos al definir esa “brecha”. Se centran en el crecimiento económico y la innovación en el sentido técnico, en lugar ampliar sus miras y abarcar, por ejemplo, la desigualdad y el bienestar social. Y al adoptar un enfoque tan limitado pasan por alto un motor clave de la innovación, el sector cultural y creativo.  

Retrato Roos Walstock
Roos Walstock, investigadora de sostenibilidad de Triodos Bank

El informe Draghi menciona la “innovación” cientos de veces, pero no la relaciona con la cultura y la creatividad. Sí hace referencia a Horizonte Europa —el programa marco de la UE en investigación e inversión— en el que la cultura, la creatividad y las sociedades inclusivas constituyen una de las áreas temáticas principales. Pero no dice nada sobre la importancia de ese tema ni sobre la poca financiación que recibe.  

A continuación, explicamos por qué el impacto positivo del sector cultural y creativo merece más atención. Además, analizamos por qué la UE no puede valorar ese sector al margen de los retos sociales a los que se enfrenta Europa, como la transición energética. El sector cultural y creativo puede resultar de gran valor para abordar esas cuestiones sociales.  

El impacto positivo del sector cultural y creativo 

Como primer paso, podemos analizar en qué medida incide el sector en la sociedad. En la UE, un total de 7,9 millones de personas trabajaban en el sector de la cultura y la creatividad en 2024, lo que es casi el 3,8 % del empleo total. Pero el impacto del sector va más allá del empleo y el PIB. Es fundamental para el desarrollo del bienestar porque impulsa la prosperidad no solo en lo económico, sino también en lo ecológico y en lo social. Por lo tanto, su impacto positivo no debe cuantificarse sólo en términos monetarios. Triodos Bank distingue cinco formas en las que el sector cultural y creativo genera un impacto positivo en la sociedad:  

1. Bienestar individual. Además de ser divertido, participar o asistir a actividades culturales tiene efectos positivos para la salud mental y física, y contribuye al bienestar general de la persona. Un estudio del Gobierno del Reino Unido indica que asistir a eventos artísticos o participar en actividades culturales —aunque sea pocas veces al año— puede reportar beneficios, considerables, como la reducción del dolor, de la vulnerabilidad, de la depresión y de la dependencia de los medicamentos. 

2. Cohesión social.  Las artes y la cultura unen a personas de orígenes, idiomas y culturas distintos. Generan un sentido de identidad colectiva y crean oportunidades para conectar. Además, estimulan la transmisión de la memoria colectiva a través del patrimonio cultural.  

Europa se enfrenta actualmente a numerosos retos que solo pueden abordarse con un esfuerzo colectivo. Por ejemplo, el cambio climático exige medidas a gran escala para reducir las emisiones y el uso de recursos, lo que está regulado en gran medida por la UE. En materia de defensa, también ha aumentado la colaboración y la contratación conjunta, con el fin de formar un frente sólido y unido contra amenazas geopolíticas ajenas a la UE. Todos esos desafíos requieren una acción conjunta, y fomentar esa identidad europea compartida es más importante que nunca. El sector cultural y creativo puede desempeñar un papel clave en ese sentido al unir a la ciudadanía y crear esa identidad.   

3. Desarrollo colectivo. Contar con una cultura compartida es clave para el progreso social. La cultura proporciona prácticas y valores que refuerzan la confianza y la colaboración necesarias para abordar los retos colectivos y los proyectos de grandes dimensiones. Eso es aplicable no solo en un país, sino también a nivel internacional. Europa se enfrenta actualmente a multitud de retos que requieren unir esfuerzos más allá de las fronteras nacionales. 

Las artes y la cultura pueden ayudar a forjar la confianza y las conexiones necesarias para que esa colaboración sea un éxito. Según un informe elaborado con el apoyo del NEA (el Fondo Nacional para las Artes de los EE. UU.), las prácticas artísticas y culturales de carácter local pueden impulsar la cohesión social y el bienestar de la comunidad. 

4. Espacios vibrantes.  Las artes y la cultura tienen el poder de transformar nuestro entorno. Pueden revitalizar edificios, barrios y ciudades, y dar forma a entornos en los que la gente quiera vivir, trabajar y relacionarse. 

5. Impulso a la innovación.  Las profesiones artísticas y creativas desempeñan un papel clave en la innovación. Un estudio sobre los sistemas regionales de innovación muestra que las industrias culturales y las patentes presentan una correlación positiva evidente. Es decir, que los beneficios de la cultura y las artes a menudo se extienden a otros sectores como el diseño industrial, y también a ámbitos menos esperados, como la atención sanitaria (por ejemplo, con terapias basadas en manifestaciones artísticas).  

Pero el poder innovador del sector cultural va más allá del “habitual” I+D. Su verdadero poder reside en la capacidad de cuestionar cosas que damos por sentadas y de ofrecer perspectivas nuevas sobre lo que es posible y deseable. En una época de incertidumbre y desafíos sin precedentes, el sector cultural y creativo puede ayudarnos a imaginar, literalmente, cómo podría ser el futuro, y servir de inspiración para adoptar los cambios y los medios necesarios para alcanzar ese objetivo. A veces, ni siquiera se trata de innovación en el sentido clásico, sino de impulsar un cambio de mentalidad o de comportamiento. Y es precisamente ese poder de la imaginación (y de inspiración) lo que caracteriza al sector cultural y creativo como a ningún otro.  

Comparación entre UE y los EE. UU. 

A primera vista, los sectores culturales y creativos de la UE y EE. UU. parecen muy similares. En los Estados Unidos, el sector representa cerca del 3,3  % del empleo total y el 4,2  % del PIB, mientras que en la UE se sitúa en torno al 3,8 % del empleo y al 4,0 % del PIB. A pesar de estas similitudes en cuanto a su peso económico, los dos sistemas difieren mucho en su forma de financiación. 

El sector cultural y creativo europeo se caracteriza por una dependencia mayor de la financiación pública, aunque la composición exacta de la financiación varía según los países y subsectores. La mayoría de las organizaciones culturales europeas combinan las subvenciones públicas con los ingresos propios, mientras que en los EE. UU. suelen depender en mayor medida de ingresos propios, filantropía, patrocinios de empresas y ayudas de fundaciones. 

Por ejemplo, en los Países Bajos, el sector cultural y de las artes (excluida la publicidad y el sector editorial) obtiene cerca del 63 % de sus ingresos de la financiación pública, el 31 % de los ingresos propios y el 6  % de donaciones privadas. 

Por el contrario, las organizaciones artísticas sin ánimo de lucro de los EE.UU. obtienen algo menos de la mitad de sus ingresos de fuentes propias, menos del 10 % de la financiación pública y en torno al 40 % de contribuciones privadas. 

Las estructuras de financiación diferentes reflejan también puntos de vista distintos. Europa ha considerado históricamente la cultura como un bien público que genera beneficios sociales que van más allá del valor de mercado, lo que incluye aspectos como la diversidad cultural, la cohesión social, la participación democrática y la preservación del patrimonio lingüístico y cultural. En los Estados Unidos, la cultura se ve más como una materia prima y el mercado actúa como árbitro. 

De este modo, los dos sistemas tienden a producir resultados diferentes. En los Estados Unidos, el éxito comercial determina en gran medida qué organizaciones y productos culturales crecen y atraen inversión. Si a ello se le suma la existencia de unos mercados de capitales potentes e integrados, el resultado es una industria cultural dominante a nivel mundial, especialmente en el cine, la música y los medios digitales. 

Por el contrario, en el ecosistema cultural europeo tienen mayor peso las producciones locales, en lenguas específicas y de nicho. Aunque esa diversidad dificulta su expansión, también contribuye a preservar un espectro amplio de expresiones culturales. 

Estas consideraciones son especialmente relevantes al analizar la autonomía estratégica europea. Si la UE quiere impulsar una cultura compartida, mantener una producción cultural independiente y reducir su dependencia de las plataformas culturales y empresas proveedoras de contenidos externos, es fundamental contar con una financiación pública suficiente. 

 El modelo estadounidense ha sido muy eficaz para expandir sus productos culturales y crear empresas dominantes en todo el mundo, pero si Europa adoptara un enfoque más de mercado podría afectar negativamente a la diversidad cultural, a la pluralidad lingüística y a las producciones locales, con el riesgo que las organizaciones estadounidenses de mayor tamaño mantuvieran su superioridad. 

Por lo tanto, el reto no pasa por imitar el modelo estadounidense, sino por preservar y reforzar las características distintivas del ecosistema cultural europeo, y garantizar a la vez su sostenibilidad a largo plazo. 

Los sectores culturales y creativos y los retos de la sociedad 

Además del objetivo de Draghi de aumentar la competitividad y la autonomía, la UE se enfrenta a retos sociales relevantes para reestructurar su economía, como la necesidad urgente de adoptar las fuentes de energía renovables y una economía más circular. Con su creatividad y su capacidad para concebir alternativas, los sectores culturales y creativos pueden contribuir a esos retos sociales europeos de tres maneras principales

  • Analizar problemas e intereses.  El sector cultural y creativo ofrece perspectivas diferentes, interpreta y da sentido, plantea preguntas inesperadas y redefine las ideas existentes. De este modo, puede ayudarnos a comprender mejor los puntos de vista las otras personas. Este es un paso importante para evitar la polarización que caracteriza a muchos problemas sociales actuales (clima, alimentación, etc.) y para encontrar un terreno común para avanzar hacia la acción conjunta.  

  • Desarrollar posibles soluciones.   El sector cultural y creativo funciona como un nicho para la innovación a través de experimentos, prototipos y bancos de pruebas que pueden dar lugar a formas nuevas de diseñar, fabricar y actuar. Para encontrar soluciones hay que probar. Y el sector ofrece precisamente la posibilidad de probar cosas “inusuales” a pequeña escala, ver qué funciona y qué no, sin que el producto o servicio final tenga que ser comercialmente viable o gustarle a todo el mundo. Posteriormente, aquellos locos experimentos que hayan funcionado se podrán trasladar al conjunto de la población.  

  • Implantar soluciones de forma sostenible, Una vez que se disponga de soluciones potenciales, es necesario implantarlas a largo plazo. El sector cultural y creativo ayuda a integrar los cambios de forma sostenible y duradera. Algunos ejemplos de ello son las intervenciones culturales (artísticas, de diseño o creativas) en la asistencia sanitaria, o las iniciativas comunitarias que impulsan la habitabilidad y seguridad en los barrios. Y no se trata de ejemplos aislados. Ese tipo de proyectos integran el cambio en el día a día y contribuyen, en última instancia, a impulsar uno sistémico.  

Esas posibles contribuciones a menudo se pasan por alto si se piensa en la innovación únicamente en términos económicos y técnicos. Sin embargo, aportan contribuciones tangibles al bienestar de la sociedad. Y aun cuando se busque impulsar la innovación como instrumento del crecimiento económico, sería un error no invertir en estos sectores.  

Financiación 

El impacto de una visita a un museo o de una obra de teatro en el bienestar, en la cohesión social o en la innovación no se limita solo a la experiencia vivida por cada visitante. De ahí que el valor generado no se exprese en precios de mercado. El valor social de un museo, de un espectáculo teatral o de un concierto a menudo supera la suma de las experiencias individuales. Por eso es probable que el público no quiera pagar un precio que refleje verdaderamente el valor que ha generado. Este fallo del mercado implica que la financiación pública es esencial para mantener un sector cultural y creativo que sea sólido y diverso.  

Joeri
Joeri de Wilde, economista de Triodos Bank

Si exigimos que el sector sea autosuficiente en su financiación y adopte un modelo estrictamente comercial, lo empujaríamos al gusto dominante y su capacidad para aportar perspectivas innovadoras o desafiantes a la sociedad se vería gravemente afectada. En general, los estudios sobre sistemas de innovación indican que la financiación pública desempeña un papel especialmente importante en el apoyo a actividades exploratorias y creación de conocimientos, mientras que la financiación privada suele centrarse en la comercialización y la escala. Aunque los datos sobre el sector cultural y creativo son más limitados, vemos una tensión similar entre el apoyo del público a la diversidad cultural y las presiones del mercado que priman el éxito comercial. 

La UE apoya al sector cultural y creativo a través del programa “Europa Creativa”, creado en 2014. Su presupuesto para el periodo 2021-2027 asciende a 2.590 millones de euros, lo que supone el 0,2 % del presupuesto total de la UE. Para el periodo 2028-2034, el presupuesto previsto es de 4.400 millones de euros, esto es, el 0,2 % del total de la UE. Asociaciones del sector, como la Fundación Europea de la Cultura, abogan por destinar al menos el 2 % del presupuesto de la UE al sector. De hecho, para contar con un panorama cultural sólido y resiliente, es necesario aumentar la financiación pública. A modo de comparación, en el nuevo presupuesto se asigna un total de 131.000 millones de euros a defensa y al espacio, el 6,6 % del total.  

La financiación privada para suplir las carencias 

La financiación privada también puede desempeñar un papel importante a la hora de apoyar y fortalecer el sector cultural y creativo. En línea con las recomendaciones de Draghi, es más probable que el sector privado intensifique su inversión si cuenta con un respaldo fuerte del sector público. Las entidades de crédito pueden ayudar a suplir las carencias que los gobiernos no pueden o no quieren abordar. En algunos casos, se utilizan garantías públicas para respaldar la financiación privada (por ejemplo, a través del Fondo Europeo de Inversiones). La idea de esas garantías es «reducir el riesgo» de los préstamos concedidos al sector cultural y creativo, para animar a las instituciones financieras privadas a aumentar la financiación en el sector.  

Lo ideal sería que el dinero público se utilizara sobre todo para definir la programación y los gastos operativos del sector, y sentar las bases para una creación efectiva de productos y servicios culturales. Además, esta es la parte de la financiación que tiene más riesgo. Por otro lado, el dinero del sector privado puede apoyar necesidades “básicas” de menor riesgo, como instalaciones físicas o existencias. Un ejemplo de ello es el Teatro Frascati de Ámsterdam. La programación de este teatro cuenta con financiación pública, mientras que la ampliación física del teatro ha sido financiada por Triodos Bank y ha permitido la apertura de un restaurante, entre otras actuaciones.  

Amplitud de miras 

Actualmente, Europa está muy centrada en la competitividad económica y en la innovación, pero ignora el potencial del sector cultural y creativo para alcanzar esos objetivos. Está claro que su valor va mucho más allá del impacto económico. Un sector cultural y creativo fuerte une a las comunidades, nos abre los ojos a perspectivas nuevas y puede ayudar a impulsar las transiciones sociales que necesitamos con urgencia. Para que el sector sea resiliente ahora y en el futuro es esencial aumentar la financiación pública.  

Este artículo se basa en la publicación de Triodos Bank «door verbeeldingskracht: de noodzaak van een sterke culturele sector » (2026).