Precisamente ese es el propósito que hay detrás de la iniciativa de turismo regenerativo -ecoturismo- que impulsa Cristina junto a su pareja, Marc Miró, a partir de la convicción profunda deque la conexión con la naturaleza puede cambiar la forma en que viajamos, habitamos y cuidamos el mundo. 

retrato de Cristina Doménech y Marc Miró
Cristina Doménech y Marc Miró en un momento de la entrevista que mantuvieron con la Revista Triodos en Basecamps. Foto: JUT Media

Para Marc esa necesidad de reconexión responde a un problema grave de los tiempos en que vivimos. En los últimos 150 años, dice, la humanidad se ha desconectado de la naturaleza a una velocidad sin precedentes, en parte por la digitalización. El resultado es visible a nuestro alrededor, con crisis de valores y deshumanización. Sin embargo, "cuando tienes la suerte de entrar en contacto con el entorno natural, te das cuenta de que formamos parte de algo mucho más grande que cada persona”, subraya. Y Basecamps ofrece precisamente esa oportunidad. Para él, “es un volver a los orígenes”.  

Marc y Cristina no vienen del sector del turismo. Vienen del negocio del deporte y el entretenimiento, donde durante veinte años construyeron una carrera ligada a grandes marcas, experiencias y eventos. Viajaron por el mundo y descubrieron lugares extraordinarios, pero también observaron el daño que puede causar el turismo de masas. En algunos casos genera "cicatrices que quedarán para siempre", asegura Marc.  

La llegada de la paternidad y la maternidad fue el “punto de inflexión” que dio una dimensión nueva a sus vidas.  “Te hace tomar conciencia de lo que quieres dejar”. Esa reflexión los llevó a dar un salto y "pasar a crear un proyecto personal en el que podamos tener un impacto directo” en un segmento que, dice Marc, “tiene una influencia en la sociedad muy fuerte”. 

Una puerta de entrada a la naturaleza 

Con esa idea la familia se instaló en La Cerdanya, en un valle pirenaico a hora y media de Barcelona, donde comenzaron a desarrollar una propuesta que, en sus propias palabras, “pone en jaque el modelo turístico tradicional”. Lo que construyeron no es un camping, ni un hotel, ni un glamping —aunque comparte algunos elementos con todos ellos—. Es una categoría nueva, un campo base, un “basecamp”. En el sentido literal del término, explica Cristina, “es el punto de partida de cualquier expedición, la puerta de entrada a una relación distinta con el entorno natural, más allá de lo que se suele hacer”. 

Todo el concepto responde a una misma filosofía, la de romper la barrera que separa a las personas del bosque. Esto se traduce también en decisiones concretas de diseño y construcción. Las parcelas son amplias, de entre 80 y 140 metros cuadrados, distribuidas en ladera de acuerdo con la lógica del terreno, no la eficiencia de una cuadrícula. Los caminos son de tierra. Las cabañas, de madera sin tratar y del color gris de los troncos del bosque. Cristina, arquitecta de formación, tomó cada una de las decisiones al hacerse la pregunta de  “si la naturaleza hubiera diseñado esto para ella misma y para las personas, ¿cómo habría sido?”.  

Microaventuras para redescubrir la infancia  

Pero más allá de que el alojamiento esté pensado para reducir el impacto ambiental y regenerar el ecosistema, el corazón de la propuesta es otro. Se trata de crear “un espacio que contribuya a regenerar el estilo de vida de las personas”, afirma Marc. “La experiencia está por delante”, apunta Cristina. Lo que diferencia a Basecamps son las microaventuras,  actividades diseñadas para personas con poca o ninguna experiencia en la naturaleza salgan, descubran y vuelvan con ganas de más. Desde el avistamiento de fauna autóctona con un experto local, hasta talleres de astronomía, búsqueda del tesoro familiar, o rutas de senderismo por el bosque. En una de ellas participa Feliu, vecino de La Cerdanya. Nadie mejor que él puede poner en palabras lo que hace la naturaleza a las personas. "Hacer actividades con el agua, con los bosques, con las plantas, y sentir que formamos parte de ellos, es un placer que no tiene precio", dice. "Es una sensación de fluidez, de sonrisa interna. De que todo va bien, de que todo conecta”.  

Basecamps cuenta con un programa de actividades para la infancia y propuestas para familias, pero la invitación es más amplia. Al observar a su familia en el bosque, Marc y Cristina entendieron algo fundamental que ahora los guía en el proyecto,  esa capacidad que se tiene en la infancia de maravillarse con una flor, un escarabajo o un palo en el suelo no desaparece en la edad adulta, solo queda enterrada. Todos tenemos recuerdos de nuestra infancia y "queremos ayudar a recuperarla”, subraya Cristina. En el fondo, las actividades lo que pretenden es “que la gente se dé cuenta de lo bien que les sienta estar al aire libre y descubrir algo. Y jugar”.  

Una propuesta abierta al territorio y su cultura  

La aspiración, sin embargo, es que el impacto no se quede en quienes vienen de visita, sino que penetre en el territorio. Una iniciativa en ese sentido es Fire Kitchen, su restaurante, donde la cocina es un acto de conexión con La Cerdanya, con ingredientes de proximidad y recetas que honran las tradiciones de la región y los ciclos de la montaña. 

Ese territorio también carga con tensiones. Unos 20.000 habitantes permanentes “con picos de hasta 300.000 visitantes en fin de semana”, explica Cristina. "La estacionalidad es tan fuerte que genera muchísimos conflictos para la gente que vive aquí", apunta Marc. Hablan de precariedad laboral, fuga de jóvenes, falta de futuro. Basecamps quiere ser parte de la respuesta. “Nuestra misión es ayudar a la gente a descubrir que este es un lugar maravilloso para venir cualquier día del año”.  

La historia de Víctor, uno de los guías del proyecto, es la prueba de que algo ya empieza a cambiar. Es de Barcelona, pero descubrió la zona gracias a su hermano, y ya no se imagina vivir en otro lugar. "En la ciudad vas como a cien, no paras nunca", dice. “Lo que descubrí aquí es otro tipo de vida. Me hace vibrar, sentirme vivo”, añade. Tanto es así que “si hoy no tuviera que trabajar, igualmente vendría con mi perro”, confiesa. Sus palabras ilustran algo que Marc y Cristina tienen en mente siempre que arman equipo o experiencias. Porque "parte de conectarte con la naturaleza y con el territorio es conectarte con las personas que habitan en ese territorio”.  

Desde el primer día, organizan “campfire talks”, que son encuentros alrededor de un fuego de atardecer,  charlas entre las personas visitantes y locales y contar historias que vale la pena escuchar. Puede ser un productor que realiza prácticas tradicionales como la trashumancia —traslado estacional de ganado en la montaña— o como ya ocurrió, el padre del deportista de élite de montaña Kilian Jornet, que crio a su familia en un refugio a 1.800 metros de altura. “Cada vez se suma más gente joven”, se entusiasma Marc. 

Regenerar a través de un vínculo auténtico con la naturaleza y el territorio   

No obstante, todo está pensado para no generar más estrés al territorio, sino  contribuir a su regeneración. "El cambio climático es una amenaza real para un valle como la Cerdanya, que tiene un problema hídrico que tenderá a agravarse”, advierte Marc.  Por eso, dice, "un proyecto resiliente es muy importante". Con ese objetivo, Basecamps trabaja con equipos de permacultura y arquitectura regenerativa en soluciones basadas en la naturaleza, como sistemas de recogida y almacenamiento de agua, contenciones de tierra con materiales orgánicoso parcelas diseñadas para favorecer la infiltración. Si bien es un proyecto en construcción, cuenta con una hoja de rutaclara. "La naturaleza siempre tiene solución", sostiene Cristina. "Hay que aprender a escucharla”.   

En el difícil camino que transitaron al emprenderlo , Marc y Cristina han confiado siempre en el valor de su proyecto. Pero en los momentos decisivos que exigen respaldo financiero, encontraron un apoyo que entendió lo que construían. "Triodos nos acompaña en el viaje. No es solo un banco", asegura Marc. "Nos ha permitido ser lo que somos  y  que el proyecto mantenga su pureza y su autenticidad".  

Esa misión compartida es hoy un motor para Basecamps. "Un proyecto de turismo debe ser un acto de amor hacia un lugar, hacia un territorio, hacia una cultura, hacia unas comunidades y hacia un entorno natural", dice Cristina. Y , como recuerda Marc, “el amor siempre implica una responsabilidad. "Cuando amas algo, lo proteges. La mejor manera de proteger los océanos y las montañas del mundo es con su disfrute.  No al verlo en un libro o en un TikTok, sino al ser parte”.