Esther nació en Barcelona y pasaba los fines de semana en el Pirineo. “Era una niña muy inquieta” -según recuerda-, pero capaz de quedarse inmóvil recostada en el suelo durante horas mientras miraba una flor. “La conexión de la niñez con la naturaleza en plena libertad queda integrada en los cuerpos. Por eso, siempre necesité esa conexión”, asegura. Las circunstancias de la vida la llevaron hasta Almería, donde lleva desde hace más de una década convierte sus invernaderos de San Isidro Los Grillos, Níjar, en ecosistemas regenerativos.  

Esther defiende que la agricultura regenerativa no es una alternativa idealista, sino la única forma de sostener el futuro agrícola de territorios como Almería y garantizar la producción de alimentos a largo plazo en un contexto con recursos cada vez más limitados.  

 

Tomates de agricultura regenerativa
Tomates de agricultura regenerativa.

“Lo que diferencia a la agricultura regenerativa es que deja la tierra mejor de lo que la cogiste. Y esto es necesario tal y como está el planeta”, remarca en una entrevista con Triodos Bank. 

Para ella ser agricultora implica algo más que producir. Afirma que "es tener la capacidad de interpretar el cultivo en simbiosis total con la sabiduría de la naturaleza." 

La horticultora –que sabe tanto de plantas como del universo de artrópodos que habitan sus cultivos, desde insectos hasta arañas y ciempiés – trabaja desde hace años en el diseño de ecosistemas capaces de combatir plagas de forma natural, regenerar el suelo y reducir la dependencia de insumos externos.   

El control biológico por conservación 

Su trabajo se basa en el llamado “control biológico por conservación”, un sistema con base científica para crear ecosistemas estables dentro y alrededor de los invernaderos para que los “enemigos naturales” de las plagas —insectos y otros organismos que actúan como depredadores o parasitoides de especies dañinas para los cultivos—puedan mantenerse de forma permanente. Para entender cómo funciona esa lógica, Esther recurre a una imagen de la naturaleza salvaje: “Es como el león y la gacela”, dice. “Si desaparecieran los leones, las gacelas se multiplicarían tanto que acabarían con la hierba y también morirían. “Ese equilibrio natural es lo que traslado al invernadero”, subraya.  

En lugar de desinfectar el suelo o eliminar toda forma de vida tras cada campaña, su modelo hace precisamente lo contrario, mantener la biodiversidad activa todo el año. “Mi prioridad es siempre que el enemigo natural pueda sobrevivir”, insiste.  

Durante años ha logrado producir sin utilizar productos fitosanitarios, ni siquiera ecológicos. “Vivir así es sentirse y estar muchísimo más sano. Eso es que tu explotación hace bien al entorno. También es seguridad alimentaria”, remarca. “Mi oficio es agricultora, pero mi corazón es naturalista”, enfatiza Esther.  

Su finca se ha convertido en un faro para profesionales de la ingenieria, estudiantes y especialistas internacionales con interés en su modelo. “Siempre estoy disponible, de nada sirve guardarlo todo para ti”, dice Molina, que comparte sus ensayos y trucos de manera altruista en las redes sociales. 

Pero la horticultora -pionera en implantar setos experimentales en invernaderos comerciales (2016) - remarca que este enfoque no solo tiene un impacto ambiental, sino también económico. “Si no tienes problemas de plagas, con un poco de tiempo de economía circular bajas los costes del invernadero”, asegura.  

Molina reconoce que, si bien Almería emerge como epicentro de la agricultura ecológica, el gran desafío es todavía escalar las prácticas regenerativas en un sector acostumbrado a resolver las plagas mediante soluciones inmediatas, sean insumos químicos o productos ecológicos. El problema es que las plagas se hacen cada vez más resistentes, y lo que antes funcionaba deja de hacerlo. “La dificultad está en el cambio del pensamiento”, afirma. Porque, insiste, “lo que es totalmente eficaz es la conservación”. 

El miedo como obstáculo 

Sin embargo, convencer a quienes practican la agricultura convencional no es tarea sencilla. Esther lo entiende mejor que nadie porque cuando una sola campaña implica en dos meses inversiones de 20.000 euros en una hectárea y entra una plaga, “el agricultor siente en sus carnes la vulnerabilidad y el miedo no lo deja vivir”. Por eso, insiste en que la transición hacia modelos regenerativos debe contar con acompañamiento, formación y tiempo.  

momento de la mesa de Granada
Esther Molina (derecha) durante su intervención en los Desayunos con Impacto organizados por Triodos Bank en granada

Otro de los problemas es que la agricultura ecológica aún funciona como nicho, inaccesible para buena parte de las personas consumidoras debido a diferencias de precio en los supermercados que no reflejan la realidad del campo. Por eso, propone impulsar una herramienta digital, como códigos QR, para toda Europa, que permita identificar las prácticas agrícolas detrás de cada producto y generar un sistema de trazabilidad y precios más transparente para el consumidor. Lo ha planteado en mesas redondas con los grandes supermercados, pero la respuesta fue negativa. Por eso insiste en que la solución debe ser legislativa, es decir, un sistema de trazabilidad que rastree no solo si hay residuos en un producto, sino cómo fue cultivado y a qué precio real. "Si están al mismo precio o hay cinco céntimos de diferencia, yo lo tengo claro, y el consumidor también", dice. El problema es que hoy no se tiene esa información. 

La tecnología como aliada y las nuevas generaciones como esperanza 

Aunque su trabajo se basa en la observación de la naturaleza, la mirada de Esther no está enfrentada con la tecnología. Por el contrario, considera que la digitalización es necesaria para ser más eficientes sin romper el equilibrio natural de los cultivos. “Integrar las nuevas tecnologías como sensores, apps, y otras herramientas, es muy interesante, sobre todo para las nuevas generaciones que llegan al campo”, afirma.  Precisamente es ahí donde Esther deposita parte de su esperanza: “La gente joven es inquieta, más rebelde, y la curiosidad por aprender es fundamental”, sostiene. Pero con eso no alcanza porque para que el cambio hacia sea real y duradero la agricultura regenerativa debe integrarse también en el temario de las universidades, por ejemplo, “con la incororacion de la biología del mundo artrópodo”, apunta. 

La comunidad de apoyo y valores 

Para Esther otro factor muy importante en toda esta ecuación es la “comunidad”. Producir de forma regenerativa no es un camino que se recorra en soledad. Ella siempre contó con la contención que le brindó su cooperativa, COPROHINJAR, un modelo que considera “honesto” y “democrático”. "Si tienes una comunidad, una persona que te acompaña, diez, veinte, te sientes reconfortada y acompañada", dice.  Esa misma lógica es la que cree que deben seguir quienes emprenden en el sector cuando buscan un aliado financiero, como Triodos Bank.  

"Una empresa que es ética porque tiene tu mismo pensamiento y  tu mismo sentir, ya no es la ayuda para recibir el préstamo, es que os unís también en comunidad”, asegura.  

Hoy, Esther observa los insectos, flores y cultivos de su invernadero como quien lee un lenguaje antiguo, pero también mira sensores y datos. Entre estos dos mundos imagina un sistema de producción agrícola en toda Europa capaz de producir sin agotar la tierra y que la deje mejor para quienes vendrán después.  

“Ya no queda ni terreno ni agua”, advierte Eshter. “Para producir más y que sea rentable, pensar en sistemas agrícolas regenerativos es una necesidad”. Los premios MIA -Mujeres influyentes de Almería- la han reconocido por su labor de divulgación y compromiso con la sostenibilidad. Ella, entre tanto, demuestra cada día que el sur de España puede alimentar aEuropa como hasta ahora, pero de otra manera.  

La comunidad de apoyo y valores 

Para Esther otro factor muy importante en toda esta ecuación es la “comunidad”. Producir de forma regenerativa no es un camino que se recorra en soledad. Ella siempre contó con la contención que le brindó su cooperativa, COPROHINJAR, un modelo que considera “honesto” y “democrático”. "Si tienes una comunidad, una persona que te acompaña, diez, veinte, te sientes reconfortada y acompañada", dice.  Esa misma lógica es la que cree que deben seguir quienes emprenden en el sector cuando buscan un aliado financiero, como Triodos Bank.  

"Una empresa que es ética porque tiene tu mismo pensamiento y  tu mismo sentir, ya no es la ayuda para recibir el préstamo, es que os unís también en comunidad”, asegura.  

Hoy, Esther observa los insectos, flores y cultivos de su invernadero como quien lee un lenguaje antiguo, pero también mira sensores y datos. Entre estos dos mundos imagina un sistema de producción agrícola en toda Europa capaz de producir sin agotar la tierra y que la deje mejor para quienes vendrán después.  

“Ya no queda ni terreno ni agua”, advierte Esther. “Para producir más y que sea rentable, pensar en sistemas agrícolas regenerativos es una necesidad”. Los premios MIA -Mujeres influyentes de Almería- la han reconocido por su labor de divulgación y compromiso con la sostenibilidad. Ella, entre tanto, demuestra cada día que el sur de España puede alimentar aEuropa como hasta ahora, pero de otra manera.