Podría decirse que no estaríamos aquí si las generaciones prehistóricas no hubieran enseñado a sus descendientes todo lo necesario para vivir y adaptarse a su entorno, cazar y cultivar en equilibrio con la naturaleza. Identificar plantas venenosas o conocer los ciclos y migraciones de los animales podría suponer la diferencia entre vivir o no. ¿Sabríamos hoy leer el territorio, anticipar riesgos ante una riada, comprender cómo funciona un ecosistema o por qué debería preocuparnos que desaparezcan las abejas? Decía el ecologista senegalés Baba Dioum que "solo conservaremos lo que amamos, solo amaremos lo que conocemos y solo conoceremos lo que nos enseñen". Por eso es fundamental esa transmisión de conocimiento, que ya no se limita a identificar plantas o ciclos, sino a comprender un entorno que conecta agua, energía, recursos y decisiones clave en momentos de incertidumbre climática.
Naturaleza indivisible del ser humano
El Día Mundial de la Educación Ambiental se celebra hoy, 26 de enero, para concienciar sobre la necesidad de proteger el medioambiente y fomentar prácticas sostenibles. Es más urgente que nunca. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, Europa es uno de los continentes más golpeados por fenómenos meteorológicos extremos relacionados con el clima como olas de calor, incendios forestales, inundaciones y lluvias torrenciales que alternan con sequías. El informe Pérdidas económicas y muertes por fenómenos meteorológicos y climáticos extremos desvela que este tipo de eventos naturales causaron daños por valor de más de 45.000 millones de euros en 38 países en 2023 y las inundaciones catastróficas causaron más de 200 muertes en 2024. Además, 2025 fue el peor año de incendios forestales en la Unión Europea desde que se tienen registros (2006), con más de un millón de hectáreas calcinadas.

En el contexto del Pacto Verde Europeo, Bruselas puso en marcha el Marco Europeo de Competencias sobre Sostenibilidad (GreenComp) en 2022, para que la sostenibilidad medioambiental saltara de los artículos científicos y los libros de texto a la vida real. No solo se trata de abandonar la energía fósil o reducir el consumismo, sino de las aplicaciones en el día a día.
Las personas que en la infancia aprenden que un cigarrillo encendido en un monte puede provocar el incendio que matará al zorro que vieron crecer o destruir el paisaje verde donde aprendieron a identificar rastros entre aromáticas, no tirarán esa colilla al suelo en la edad adulta. Quizá quienes comprendan los ciclos del agua y el curso de los ríos entenderán los avisos de emergencias sobre zonas inundables. Para ello, las granjas-escuelas y los centros de educación ambiental son espacios en entornos naturales dispuestos a enseñar, a quien quiera aprender, lo que hemos olvidado sobre el medioambiente.
“El planeta se moverá, eso que nadie lo dude. Habrá terremotos, tsunamis, volcanes, subida de temperaturas, bajadas y subidas del mar, grandes deshielos. Lo que podemos hacer es intentar no contribuir a que se acelere y conocerlo para saber a qué atenernos”, describe la geóloga Encarna Águila, responsable del Aula de Naturaleza Paredes (Abrucena, Almería), integrado en la Red Andaluza de Centros de Educación Ambiental Ondas, que defiende la educación ambiental con estrategias participativas.
En el Aula Paredes, que difunde su labor divulgativa entre grupos de todas las edades, se apuesta por “vivir con la naturaleza y no en su contra”. Las actividades van desde la identificación de grandes rapaces al rastreo de huellas de animales o la localización e identificación de plantas aromáticas y sus diferentes usos medicinales, perdidos con el paso de generaciones.
“Ante los cambios climáticos actuales, ¿qué mejor lugar que un aula de naturaleza para entenderlos e identificar los bulos sobre la ciencia? ¿Por qué no hablamos claro sobre los incendios forestales y la relación con el abandono de los montes? Aquí proponemos actividades para reconocer la importancia de la especie humana en su entorno, el respeto por el ecosistema y qué acciones perjudican al mismo”, reflexiona la geóloga. Afirma que niños y adultos deberían tener la oportunidad de contemplar cómo crece una planta, por qué una flor tiene unos colores y no otros, cómo influye en las abejas y los insectos. “¿Qué pasaría si no existieran los polinizadores, si rompemos este ecosistema?”. La amenaza es real.
Foco en las competencias sobre sostenibilidad
Las personas y equipos expertos en educación ambiental afirman que cada euro invertido en ese ámbito en una ciudadanía que comprenda riesgos climáticos, gestión hídrica, recursos limitados o agricultura sostenible, son millones de euros ahorrados en daños futuros y así se crean sociedades más resilientes. Las inundaciones de Valencia en 2024 provocaron más de 29.000 millones en pérdidas económicas, reconstrucción y adaptación de infraestructuras que habrían sido inferiores si el territorio hubiera sido comprendido, con predicciones integradas en la planificación y sistema de alerta ágiles. El Plan de recuperación y reconstrucción de la Comunitat Valenciana (Endavant) espera mejorar esoy transformar la prevención en infraestructura pública permanente.
La Unión Europa dotó del marco jurídico que ayudaría a cumplir con el Acuerdo de París de 2015 y de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, que en España se ha trasladado a un Marco Estratégico de Energía y Clima. El objetivo es que las próximas décadas sirvan de transformación de la economía española, no solo con el impulso a la energía y tecnología renovables, sino con medidas que potencien el desarrollo del medio rural, la protección de la salud y bienestar de las personas y el ecosistema en un contexto de justicia social.
El Plan de Acción de Educación Ambiental para la Sostenibilidad (PAEAS) es la hoja de ruta elaborada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico y el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, para conseguir unos objetivos claros. Por una parte, concienciar y formar a la ciudadanía para que comprenda los retos socio-ecológicos, en el contexto de la propuesta de Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática, para hacer realidad su participación activa en la transición verde. Y, por otra parte, integrar la sostenibilidad en todos los niveles educativos, incluida la educación no formal, como ya se hace en los centros de educación ambiental, granja-escuelas o centros de interpretación de espacios naturales.
“En el momento en el que vivimos no es difícil darse cuenta de que los recursos del planeta son limitados. Vemos que la vida podría ser distinta, podríamos vivir con lo mínimo y ser felices. Eso se aprende en el campo. La salvación de la especie humana pasa por una conexión mayor con la naturaleza y por el hecho de que las generaciones que hoy aprenden ese vínculo, en un futuro tengan capacidad de tomar decisiones que nos afectan a todas las personas, porque serán más respetuosas con el medioambiente”, plantea José Manuel López, cofundador del Centro de Educación Ambiental y Granja Escuela Parapanda (Alomartes, Granada).
¿Cómo pueden esas experiencias tempranas en las aulas de naturaleza influir en el futuro de la sociedad ante los retos ambientales que están por venir? Según las personas especialistas, cada aprendizaje ligado a una experiencia y una emoción positiva se mantendrá en el tiempo y llevará a tomar decisiones más resilientes y sostenibles.
“Nuestro objetivo, cuando ofrecemos a la juventud actividades al aire libre entre animales y plantas, es poner una semilla que germine a lo largo de su vida para que con el tiempo esa persona se identifique como parte de su entorno, no como algo ajeno a él. Pero para eso ha tenido que recibir lo importante, lo básico, que es la educación ambiental”, afirma López.
La conexión o vínculo que se defienden en los centros de educación ambiental incluye entender la naturaleza como un todo, como un sistema interconectado, desde el agua que alimenta los cultivos a la cosecha posterior y el transporte, que requieren energía, hasta quien consume el producto, que a su vez genera residuos y debe cerrar ciclos. Una ciudadanía que comprende esas interconexiones elige de forma consciente productos y alimentos de proximidad frente a importaciones transoceánicas, hace un consumo coherente del agua, apuesta por la eficiencia energética y el aprovechamiento de los recursos, la economía circular o una gestión de recursos comprometida.
Todas esas iniciativas individuales, con el apoyo de políticas ambientales nacionales e internacionales nuevas se convertirán en una estrategia colectiva que permite tener esperanza en el futuro.






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