En 2024, una media de 24 kilogramos de alimentos por persona fueron a la basura en nuestro país. Una cifra que impresiona y además revela un impacto medioambiental, social y económico muy importante. Cuando tiramos ese trozo de pan que se quedó duro o esa lechuga que lleva una semana en el fondo de la nevera, también desechamos dinero, tiempo y esfuerzo.
El desperdicio alimentario en los hogares es solo una parte de un problema mucho más amplio. Frutas y verduras “imperfectas” que no llegan a los supermercados por criterios estéticos, cosechas que se quedan en el campo por motivos de rentabilidad, productos que se pierden en el transporte o el almacenamiento, y excedentes en comercios y restaurantes cuando la demanda no coincide con las previsiones. El desperdicio es más que lo que acaba en el cubo de basura doméstico, es todo lo que se pierde desde el campo hasta el plato.
Tomar conciencia de ello es una tarea compartida por quien produce, quien compra y todas las otras fases de la cadena alimentaria. Pero es verdad que si hay un lugar donde podemos empezar ya sin grandes inversiones ni complicaciones, es en casa.
Desde hoy mismo y en solo 10 minutos.
Puedes empezar por revisar la nevera y la despensa y elegir tres alimentos que haya que consumir pronto. Si los anotas en un lugar visible, como una nota en la puerta, en el móvil o en el calendario de la cocina, puedes planificar con ellos una comida sencilla para la semana. También es importante dejarlos a la vista para que no vuelvan a 'desaparecer'
A la cesta con intención, no con improvisación
Entrar al supermercado con prisa, con hambre o sin saber lo que vamos a cocinar es la receta perfecta para llenar la cesta más de la cuenta. Y cuando eso ocurre, esos alimentos “de más” pasan a ocupar la última fila de nuestra nevera y de nuestra memoria.
La buena noticia es que, con una vuelta rápida y una lista en la mano, la compra cambia por completo.
Revisar antes de comprar. Abrir la nevera y la despensa y localizar los alimentos que conviene gastar pronto (verduras blandas, yogures cerca de la fecha de caducidad, restos de pan…) es el primer paso. Es importante tener en cuenta los 3–5 productos “urgentes” y pensar en qué comidas pueden encajar. Así la compra tiene como punto de partida lo que ya tienes en lugar de centrarse solo en lo que te falta.
Hacer una lista realista y con cantidades. En vez de apuntar “verduras”, “fruta” o “patatas”, conviene traducirlo a algo concreto, como “2 tomates”, “1 bolsa de patatas de 5 kg”, “4 plátanos”. Eso puede suponer pasar por el supermercado o el mercado con más frecuencia, pero es preferible hacer compras más pequeñas y ajustadas a la semana que llenar la despensa de cosas “por si acaso”.
Respetar la lista. En papel o en el móvil, lo importante es utilizarla en cada pasillo. No se trata de privarse de añadir algún producto de más, sino de preguntarnos: “¿cuándo lo voy a comer y en qué plato?” antes de introducirlo en la cesta.
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Planificación de los menús y orden en la nevera y despensa
Ya hemos sacado la compra de las bolsas y llega el momento de colocarla. Puede parecer un gesto sin más, pero no lo es. La diferencia entre guardar los productos donde haya espacio o hacerlo con un poco de criterio se nota después en lo que se consume a tiempo y en lo que acaba olvidado al fondo de la nevera o de algún armario. Con un poco de orden y una planificación sencilla, es más fácil responder a esa pregunta que aparece casi a diario, el temido “ ¿qué cocino hoy?”
Priorizar y revisar fechas de consumo. Colocar los productos recién comprados al fondo y dejar delante los que ya teníamos ayuda a consumir antes lo que lleva más tiempo en casa.También es el momento para revisar las fechas del envase. La de caducidad indica hasta cuándo es seguro consumir un alimento. Pasada esa fecha, se recomienda no hacerlo. La de consumo preferente indica hasta cuándo mantiene su mejor calidad, pero , si se ha conservado bien, puede consumirse después de ese día.
Planificar 2–3 comidas con lo que ya tenemos. Antes de pensar en recetas más creativas, mejor revisar qué es más urgente y decidir un par de platos sencillos con esos ingredientes. No hace falta un menú cerrado, pero sí una base de la que poder tirar durante la semana.
Conservar, dividir y congelar. Utilizar recipientes herméticos para sobras y alimentos abiertos y organizarlo en porciones fáciles de aprovechar. Si hay algo que no se va a consumir en los próximos días, congelarlo puede ser la solución para que no termine en la basura.
Ordenar la nevera y la despensa con frecuencia. La tarde del domingo puede ser de peli y manta (aquí te dejamos 12 películas y series que no te puedes perder), pero también se puede dedicar un rato a revisar, limpiar y recolocar lo que ha quedado de la semana, como las fiambreras con sobras, esos botes empezados, las bolsas de macarrones abiertas o un paquete de arroz a medias.
Se trata de incorporar pequeños hábitos que nos lo pongan más fácil, rutinas sencillas, sin rigidez ni culpa, para que la nevera y la despensa jueguen a favor y la comida acabe siempre en el plato.
Cocina de aprovechamiento
A veces lo que falta no es comida, sino ideas. Cuando hay restos, ingredientes “a punto” o envases

empezados, tener dos o tres recursos claros ayuda a darles salida sin complicarnos demasiado. Guías de cocina, bases preparadas y pequeños trucos que convierten los restos en un plato apetecible.
Utilizar recetas como inspiración. Tener a mano un banco de recetas pensado justo para eso ayuda a desbloquearse cuando hay “un poco de todo” en la nevera. En Alimentación sin desperdicio encontrarás propuestas y recursos centrados en dar salida a sobras, frutas maduras o envases empezados sin mucha complicación. .
Practicar el batch cooking. Preparar una o dos bases que sirvan para varias comidas (verduras asadas, legumbres cocidas, arroz/quinoa, una salsa de tomate o un sofrito) permite montar platos diferentes durante la semana sin cocinar desde cero todos los días.
Reutilizar los restos para otras comidas o picar entre horas. Convertir sobras en algo fácil de comer ayuda a que no se queden olvidadas. Se pueden usar verduras asadas para una tostada o un hummus, arroz para una ensalada fría, pollo o legumbres para un relleno, pan duro en picatostes o rallado, fruta madura en compota o batido. A veces, basta con cambiar el formato para que vuelvan a apetecer y encuentren hueco en el día a día.
Iniciativas alineadas con el aprovechamiento
Además de lo que hacemos en casa, también existen proyectos que ayudan a reducir el desperdicio en comercios y restaurantes. Aprovechar excedentes, elegir productos “imperfectos” o apoyar redes de reparto para que la comida no se quede por el camino son otras formas de sumarse al cambio.
Too Good to go.Recupera excedentes de comercios y restaurantes a través de packs sorpresa para evitar que la comida en buen estado termine descartada. Un modelo empresarial en el que gana el medioambiente, la sociedad y la economía, y que Rocío Camacho, usuaria habitual de la aplicación, valora de forma muy positiva. “Por cinco euros recibí productos para el desayuno de dos semanas, como yogures, jamón, fruta, café…”. Además, recuerda que fue un pedido a un supermercado de barrio, algo que refuerza el comercio de proximidad y da su valor los productos locales.
Talkual. Compra fruta y verdura “imperfecta por fuera y deliciosa por dentro” y ayuda a dar salida a productos que se quedan fuera del mercado por criterios estéticos.
Remolonas. Cada compra es una oportunidad para explorar las historias de una gran selección de proveedores, desde emprendimientos locales a grandes marcas nacionales, y “reduce el desperdicio de la forma más lógica”.
Redalimenta. Iniciativa vecinal y voluntaria nacida en Toledo que a diario recoge excedentes de comida y los redistribuye dentro de la comunidad para aprovecharlos, reducir residuos y fortalecer redes de colaboración en el vecindario.
Phenix. Solución contra el desperdicio que ayuda a dar una segunda vida a productos no vendidos. Prioriza la donación a entidades sociales y ofrece herramientas para gestionar excedentes y productos con fecha cercana para evitar que terminen en la basura.
A estas iniciativas se suman también otras señales que invitan al optimismo. En 2024 se evitó que 51,54 millones de kilos o litros de alimentos y bebidas acabaran en la basura, un dato que muestra que el cambio es posible cuando se combina la acción cotidiana y el compromiso colectivo. Además, el impulso también llega desde las instituciones, con la Ley 1/2025 de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario en España y el avance de propuestas europeas para fijar objetivos de reducción.
Al final, el desperdicio no se reduce con grandes gestos puntuales, sino con pequeñas decisiones que se repiten en el tiempo. Y si, además, se apoyan iniciativas que nos lo ponen más fácil también fuera de casa, el impacto se multiplica. No hace falta hacerlo perfecto, se trata de empezar y mantener el hábito.

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